La puerta de ENTRADA en Masonería es pequeña, para hacer complicado el ingreso. Por el contrario la de SALIDA es muy grande.

viernes, 28 de noviembre de 2014

La Francmasoneria a la Luz del Verbo de Jean-francois Var, presentación Serenisimo Gran Maestro Emerito RAMON MARTI GRAN PRIORATO DE HISPANIA

Hace treinta años, cuando empecé a interesarme en masonería, lo que podía encontrarse en las librerías españolas sobre este tema era más bien poco, y en su mayoría de cariz sensacionalista o claramente antimasónico. Los autores de aquí, entre los antimasónicos podíamos encontrar a Ricardo de la Cierva y posteriormente a César Vidal, y entre los sensacionalistas al periodista amigo mío: Pepe Rodríguez. Hubo que esperar hasta autores e historiadores más recientes como Pere Sánchez, o José A. Ferrer Benimeli empezaran a tratar el tema más seriamente.

Fue ante la escasez manifiesta que empecé a traducir los libros que adquiría en librerías especializadas cuando mis desplazamientos a Francia, así como a traducir todo aquellos trabajos que juzgara de calidad y que cayeran en mis manos, hablando de ese rito tan desconocido para todo el mundo: el Rito Escocés Rectificado. A día de hoy, puedo decir que hay en el mercado español media docena de libros traducidos por mí y que resultan imprescindibles si uno quiere acercarse al R.E.R. y tratar de comprender este sistema masónico surgido de la Estricta Observancia e hijo de la masonería escocesa y estuardista.

El más reciente de los trabajos acaba de ser publicado, gracias a que convencí a Luis Cárcamo que lo editara a través de su sello editorial EDL (Equipo Difusor del Libro) ya que el editor francés propietario de los derechos DERVY Livres, quería cobrar una parte por anticipado ante la falta de seriedad y malas experiencias habidas con otros editores españoles que nunca le habían liquidado el porcentaje de las ventas.

Fruto de esos esfuerzos y multitud de gestiones (incluso la renuncia a percibir su parte de derechos del autor, Jean-François Var) y que mi trabajo de traducción se cediera gratia amore, es el libro que acaba de aparecer “LA FRANCMASONERÍA A LA LUZ DEL VERBO”, con prólogo de otro ilustre autor, el historiador, profesor y jesuita José Antonio Ferrer Benimeli, quien mejor ha estudiado y tratado las logias formadas exclusivamente por clérigos a lo largo de toda Europa. Que Ferrer Benimeli aceptara prologar el trabajo de Jean-François Var, no es tampoco casual, quizá por la condición de sacerdote ortodoxo de éste último.

En fin, para todos aquellos interesados en adquirir este libro, que sepan que pueden hacerlo yendo directamente al portal de EDL en internet: http://www.equipodifusor.com/libro.asp?libro=EDL93788 o también en los establecimientos de La Casa del Libro existentes en las principales ciudades españolas, o si se quiere también en su portal de internet: http://www.casadellibro.com/libro-la-francmasoneria-a-la-luz-del-verbo/9788495593788/2416206

Buena lectura!


Serenisimo Gran Maestro Emerito RAMON MARTI
 GRAN PRIORATO DE HISPANIA
Reina Amàlia, 12; Int. O-72 - E-08001 Barcelona (Espagne)

lunes, 10 de noviembre de 2014

El peligro en Masonería de mezclar Churras y merinas

La masonería NO ES para hacer negocios ni política; no es para hacer contactos o amistades; no es para buscar trabajo, pedir o hacer caridad; no es para que te tengan en cuenta; no es para buscar absurdas parcelas de poder o intimidad, con las que cubrir complejos o egos; no es para buscar pareja, tener un/una amante, de una noche o de mil, ni mucho menos para que te escuchen, . . . 

Es por eso que resulta “vital” para un Masón (y muy importante para los candidatos a la Iniciación) conocer las aspiraciones, propósitos y/o fines de las Logias Masónicas a las que se acercan; no solo con las que vienen ellos a la Masonería  como individuos, también a que se dedica ese Taller concreto al que nos acercamos.

Las Logias son y funcionan como “entes” con personalidad propia, diferente y diferenciada del resto.  Resultan el fruto de la "impronta personal" de un núcleo más o menos grande de miembros (en unos casos los mismos maestros fundadores y en otros no necesariamente). 

En unos casos, este “fin último de las Logias” se manifiesta de un modo muy sutil y casi imperceptible a la vista de los Hermanos y en otras lo hace de un modo tan tosco, público y notorio que llega a pasar desapercibido a la vista de la mayoría. En cualquier caso, de no encontrar ese “fin último” y ver si coincide con el nuestro -o esforzarnos por hacerlo coincidir- suele resultar estéril el pulido de nuestra propia piedra bruta; quedando “desechada” por los arquitectos. (No todas las “piedras” han de tener las mismas medidas, ni han de casar con el resto de “piedras” del mismo modo, ni resultan útiles en cualquier parte; y eso por perfecto que pueda a llegar a resultar su pulido. Han de encontrar su lugar en la Obra). 



Más allá de las formas aparentes, de la estructura visible, del Ritual practicado o la obediencia a la que pertenezca  un determinado Taller Masonico, es preciso BUSCAR ese "fin ultimo", para llegar a situarse de manera adecuada dentro de “la Obra” y localizar un lugar conveniente a nuestras aspiraciones, inquietudes, necesidades, búsquedas, capacidades,…. (un artesano con habilidades para del vidrio estaría “desperdician su don” trabajando en la cantera de la Obra. Y si el Maestro ve que sus habilidades son otras debería ser capaz a orientar sus pasos y su formación allá donde pueda ser “Útil” en la Obra , más allá de intereses espurios de la Logia e incluso del Maestro. 






Es por eso que conviene conocer que mueve cada Taller como tal: ¿qué lugar ocupan en esta Obra que es la Masonería?, ¿cuáles son sus tareas?, ¿su parcela?, ¿sus fines?, ¿sin aspiraciones?, . . . y es harto importante buscar ese “fin” para los Maestros, Compañeros y Aprendices que Trabajan en los diferentes Talleres . Esta es una de las razones por la que muchos Masones “pasan por la masonería, sin que la Masonería llegue siquiera a pasar por ellos”.



Podríamos llegar a enumerar varios centenares de “fines” que mueven a las diferentes Logias y que han dado lugar , en la mayoría de las mismas, a pervertir y corromper la trasmisión Iniciática recibida y a desvirtuar el fin último de conexión con el Gran Arquitecto del Universo.


Sirvan como ejemplo:

 - las Logias creadas con el “fin último” de medran en la política y la economía mundial (como la tristemente famosa “P2”).

- Otras han decidido que “la política” sea su razón de ser (en la errada idea de “adoctrinar” con unas determinadas ideas, a unos pocos miembros para así llegar a cambiar su mundo) .

-  Otras reducen sus Trabajos Masónicos al único fin de lograr un estado laico e impregnar en sus miembros que ese es el único y principal fin. 

-  Como ocurre con otras que esa lucha la cambian por la “igualdad de géneros” .

-  Otras se han convertido en pequeños “sindicatos” en los que todo el trabajo masónico y el fin de las reuniones y ágapes se resumen en buscar trabajo a unos o situar a otros.

-  Otras Logias son lugares donde dos o tres hermanos (a los que nadie presta atención en sus vidas profanas) se dedican a lucirse y amontonar “palabras huecas” tenida tras tenida; palabras que los demás escuchan con admiración pero que ni ellos ni “el grupo” tiene intención alguna de poner en practica.

-  Otras Logias redujeron sus aspiraciones Masónicas en algo meramente filantrópico y se reúnen para hacer colecta tras colecta para así poder hacer donaciones a los más necesitados.

-  Otras han reducido su método masónico como el “burro y la zanahoria” concediendo grado tras grado y oficio tras oficio, en la vana esperanza para el Iniciado de alcanzar algo que finalmente nunca llegara, pero que esperan con impaciencia tanto los que más grados y oficios tienen como los recién entrados “cuando seas maestros sabrás….”, “cuando seas Venerable entenderás” , “si llego a ser vigilante yo hare…”, . . . 

-  Menos conocidas, pero presentes en la sociedad, son aquellas que ven reducidas sus aspiraciones iniciáticas, esotéricas, filantrópicas, morales,…. convirtiéndose en meros “nichos de negocio” y contactos profesionales entre dos o tres miembros.


Al Iniciarse en Masonería, el candidato entra en una u otra Logia casi por casualidad, por cercanía, por ser esa -y no otra- la que nos atiende el teléfono o el email,… y una vez dentro es cuando se forjan lazos más o menos sólidos con “el grupo” o con “el fin” del mismo. Muchos , ya masones, ni siquiera son capaces a entrever “el fin” de uno u otro Taller y terminan por confundir Churras y merinas, con lo que pasados unos meses o años se terminan por apartar de la Masonería como un todo . Para muchos aquello visto o vivido en su Logia Madre es LA MASONERIA , con mayúsculas, y desisten continuar su búsqueda, su perfeccionamiento y su lugar adecuado en la obra . 

jueves, 23 de octubre de 2014

HAN pasado los tiempos en los que, desconociendo el espíritu de la verdadera Francmasonería, no se juzgaba el mérito de un candidato más que para aumentar los fondos

HAN pasado los tiempos en los que, desconociendo el espíritu de la verdadera Francmasonería, no se juzgaba el mérito de un candidato más que para aumentar los fondos;

en los que la obligación masónica no era más que un juego de palabras, y las ceremonias de recepción una diversión pueril y a menudo indecente;


esos tiempos, en los que uno se avergonzaba en público de lo que se aprobaba en Logia, 

 en los que se temía encontrar en la sociedad civil a un hombre al que se acababa de abrazar como a un Hermano.

Han terminado esos tiempos desgraciados, de deshonor para la masonería, y correremos un tupido velo sobre los abusos, a los que una sabia reforma a traído remedio.

( El texto es de 1778........ )

Realmente ¿  HAN pasado los tiempos  ? .

viernes, 3 de octubre de 2014

II Republica Española y Masoneria

Leer PDF
Ya está a la venta la revista-libro:

CULTURA MASÓNICA Nº 19 (octubre 2014)
______________

(En este número)
II REPÚBLICA ESPAÑOLA
Y MASONERÍA
(208 páginas - 5 euros)

_________________________

EDICIONES DEL ARTE REAL

jueves, 4 de septiembre de 2014

"Traidores" y "asesinos" en las Logias Masonicas. Primera parte.

En todas y cada una de las Logias encontramos siempre, e ineludiblemente, más de TRES traidores al Arte: un Hermano ignorante, algunos fanáticos y más de un supersticioso .



- EL IGNORANTE; : es el hermano -u hermanos- que un día fue iniciado en Masonería sin ningún criterio ni valía. Él sabe bien que no debiera estar en Masonería, por su falta de moralidad, de rectitud, de capacidad, de valor,... pero una vez que ya esta dentro de una Logia su "ego" le impide hacer lo que es correcto y termina por ser -a sabiendas o no- uno de los asesinos del maestro Hiram.


Suele ser un Masón que se deja llevar fácilmente por los “contubernios de café con leche” de los peligrosos “masones viejos”. Es más, estos encuentros son lo único que en realidad le gusta de la masoneria y le hacen sentir importante e integrado en la Logia.  
Es un Masón que “NO SE ENTERA de nada" pero que balota o secunda lo que otros le piden como un borrego,  sin defender ni tener postura propia; haciéndolo con argumentos -de otros- que termina por hacer suyos, pero de los que siempre desconocen el fin ultimo.


- EL FANATICO: es el hermano -u hermanos- que no admite discusión alguna sobre lo que le dicta su "gurú", su “líder carismático”, su “macho alfa”, su Venerable o vigilante de turno, aquel Maestro por el que se deja guiar o por ese grupúsculo de presión que han creado en Logia. Es un Masón sin más valor que la falsa admiración que siente por él brillo de las medallas y Horrores Masonicos, de los que él mismo un día quiere disfrutar y por los que hace cualquier cosa sin cuestionarse las posible consecuencias de sus actos o la idoneidad de los mismos.

(No podemos -ni debemos- olvidar que todas las Logias cuentan con una pareja de falsos "lideres carismaticos" que pueden contarse o no dentro de los "asesinos" de Maestro Hiram y que bien por su carisma PROFANO, bien por la necesidad económica o administrativa de la Logia o bien por ser de los fundadores de la Logia,.... creen tener una opinión de más valor que la del resto de Hermanos de su Logia y gobiernan en la sombra poniendo y proponiendo a uno u otro Venerable para continuar con sus propositos ).

- EL SUPERSTICIOSO: es el hermano -u hermanos- que no tiene capacidad alguna de madurar o razonar las cuestiones que le llegan o las tradiciones y rituales que trasmiten;  y que tras recibirlas termina por imponerlas al resto de Hermanos como “verdades universales” inamovibles para evitar todos los males sobre él y su Logia.
Son hermanos que si aprendieron a girar mal en Logia o a iniciar la marcha con el pie contrario, o a que tal o cual cuestión es inamovible,.....  en unos pocos años toda esa Logia termina por hacerlo también mal, arrastrados por esa "superstición" que él termina por imponer.
  
Es frecuente escucharles decir “así lo marca la tradición” con demasiada rapidez -y rigidez-, para revestir de valor las que parecen sus posturas y que solo son malos aprendizajes. En su terquedad, este Masón no es capaz a crecer, compartir y comprender que esa tradición -a la que apela- es solo la que él conoce. No es la única, ni es la inicial, ni tan siquiera la mejor o la más adecuada. Tan solo es: una más entre millones y quebrarla o modificar algo no traerá sobre él desgracia o pena alguna .


Entran en Masonería por malos balotajes de los miembros que ya están en Masonería  y que les abren las puertas a misterios y privilegios que no les corresponden y qu eles permiten llegar a compañeros, maestros e incluso Venerables Maestros y Grandes Oficiales  sin pararse a valorar:

               "si la Masonería puede ser buena para ellos
 o ellos buenos para la Masonería".

Pero lo más preocupante dentro de un sistema moral y de perfeccionamiento como el nuestro -la Masonería- , es que estos miembros permanecen en Masonería y continuan ascendiendo en sus falsas carreras masónicas   por la omertá  de los Hermanos que los conocen, de las Logias que les recogen y de las Grandes Logias que admiten sus capitaciones tapándose la nariz y mirando hacia otro lado.

    

En mi opinión, si bien es cierto que, estos traidores y asesinos del maestro Hiram Abiff, están y deben estar. No es menos cierto que es preciso mesurar su presencia, para que no se escape de las manos y se tengan más traidores que valores en una Logia.











sábado, 19 de julio de 2014

La masoneria es...

La masonería es una institución iniciática, ética, filosófica, moralista, racionalista y positivista, cuyo único fin es buscar el perfeccionamiento moral de la Humanidad. Combate todo tipo de tiranías, los privilegios y la intolerancia. Marca un derrotero para sus miembros; para que por medio de ella logremos una sociedad justa, con igualdad de oportunidades, en defensa de los derechos humanos y de los más débiles de la sociedad, por ende la libertad, la igualdad y la fraternidad. 


La masonería es una institución docente por excelencia y forma a sus miembros para debatir con un carácter fraternal y tolerante, todas las ilustraciones que se presenten en sus tenidas. Nadie después de todo tiene la verdad revelada. Enseña a sus miembros a poner en práctica sus conocimientos; es una obligación de las Tres Luces de un Taller Masónico, impartir educación a sus miembros y es nuestra obligación, investigar, aprender y practicar, para que más tarde nosotros podamos impartir esas enseñanzas prácticas a nuestros hermanos y reflejarlos en la sociedad en que nos toque vivir. Enseñamos con el ejemplo. 


[ 11 ]  El Libro del Apr.·. Mas.·. de Carlos M. Verhelst B

jueves, 19 de junio de 2014

¡El Espíritu de la Masonería!.

¡El Espíritu de la Masonería!. Para cantarlo se necesitaría la inspiración arrebatada de un poeta, la cadencia melodiosa de un músico, la exaltación de un vidente. La Masonería se esfuerza ahora, como siempre, en mejorar a los hombres, en sutilizar su pensamiento y purificar su simpatía, en ensanchar sus panoramas, en elevarles a mayores alturas, en fundamentar sobre bases firmes y amplias sus vidas y amistades. Toda la historia de la masonería, con sus vastas acumulaciones de tradiciones, con su sencilla fe v solemnes ritos, con su libertad y amistad, se ha dedicado a un ideal moral elevado, con objeto de domar al tigre que se cobija en el corazón del hombre y hacer que sus salvajes pasiones obedezcan a la voluntad de Dios. Ella no tiene otra misión que la de exaltar y ennoblecer a la humanidad, para que el patrimonio tan difícilmente adquirido sea eterno, para que su santuario sea más sagrado, y más radiante nuestra esperanza (Si los masones caen, a veces, más abajo que su ideal, es porque padecen de los mismos males que la humanidad. Quien recita las enseñanzas de la orden como un papagayo y olvida las lecciones que sugiere; quien se pone su honroso vestido para ocultar su espíritu egoísta, y quien no siente ante sus símbolos la urgencia de aspirar al supremo bien no es un verdadero masón. Los símbolos son cosa huera, si se suprime lo que simbolizan, pues sólo hablan al que tiene oídos para oir. Recordemos al mismo tiempo lo que tantas veces se ha olvidado, es decir, que el alma humana es el santuario más santo de la tierra; y que el templo y sus oficiantes no son fines en sí mismos, sino sólo medios para realizar el fin perseguido de que todo corazón humano sea un templo de paz, pureza, compasión, fuerza y esperanza).

¡El Espíritu de la Masonería!. Cuando este espíritu se abra paso en el mundo, la sociedad será una vasta comunidad de justicia y de bondad; el comercio, un sistema de servir a la humanidad; la ley, una regla de beneficencia; el hogar será más sagrado, más alegre la risa gozosa de los niños y más sencillo el templo de la oración. Entonces, el mal, la injusticia, el fanatismo, la ambición y todas las ruindades que envilecen a la humanidad, acecharán impotentes en la sombra, cegados por el resplandor de un orden más justo, sabio y misericordioso. Cuando el hombre sea amigo del hombre y haya aprendido a adorar a Dios, sirviendo a sus compañeros, entonces la industria será equitativa; la educación, provechosa, y la religión, una Presencia Real y no una sombra. Cuando la Masonería triunfe, caerán todas las tiranías, se desmoronarán las prisiones, y los hombres no sentirán cadenas en las manos ni opresiones en la mente; sino que, libres de corazón, caminarán erguidos bajo la luz y libertad de la verdad.

El mundo camina lentamente hacia una gran fraternidad, hace ya mucho tiempo anunciada por la Masonería. La Masonería ha profetizado que ha de llegar un día en que las naciones sean reverentes con la libertad; justas, en el ejercicio de su fuerza, y humanas, en la práctica de la sabiduría; un día en que ningún hombre se atreverá a pisotear los derechos ajenos, en que la mujer no se verá arrastrada a la perdición por hombres sin escrúpulos, en que los niños no serán abandonados por la sociedad. La Masonería no se dará por satisfecha hasta tanto que no se haya trenzado con todos los hilos de fraternidad humana una mística cuerda de amistad que dé la vuelta a la tierra, encerrando dentro de su círculo la unidad de espíritu de la raza y los lazos irrompibles de una paz perpetua. Habiendo sobrevivido a los imperios y a las filosofías, habiendo visto aparecer y desaparecer generaciones sin cuento, la Masonería seguirá viviendo para contemplar su trabajo ya realizado:
cuando en el parlamento de los Hombres,
alma de la federación del mundo,
cesen de sonar los tambores
y se plieguen para siempre las banderas de combate.

jueves, 29 de mayo de 2014

Lecturas masonicas: La Editorial Librería Pardes presenta sus últimas novedades. Diccionario Masónico. -El Legado Masónico. -El Hilo de Ariadna. Lapis Reprobatus Secretum Custoditum

Alberto Gallardo , contacta con nosotros presentando las últimas novedades de Editorial Librería Pardes, altamente destacables tanto por los títulos publicados como por el exquisito cuidado con el que se han llevado a cabo las ediciones, la gran mayoría bilingües. 
Actualmente cuentan  con tres colecciones y preparan una cuarta.


-El Anillo de Oro

·         Ediciones bilingües de la obra de René Guénon
·         Texto en francés revisado por el autor
·         Rigurosa traducción
·         Publicadas por primera vez en español con la autorización de la familia Guénon

                Títulos publicados:
1.       Consideraciones sobre la Iniciación ver aquí
2.       La Metafísica Oriental / San Bernardo ver aquí
3.       Iniciación y Realización Espiritual ver aquí
4.       El Hombre y su Devenir según el Vedanta ver aquí
5.       Consideraciones sobre el Esoterismo cristiano ver aquí ¡Novedad!


-El Legado Masónico

·         Ediciones bilingües de los textos fundamentales del patrimonio masónico
·         Fiel transcripción de los manuscritos originales, conservando las particularidades lingüísticas y formales
·         Traducción realizada por miembros de la Orden
·         Ampliamente anotadas para una mejor inteligencia de los textos

                Títulos publicados
1.       Textos Divulgativos Franceses (1736-1748) ver aquí
2.       Catecismos Masónicos (1696-1750) ver aquí

-El Hilo de Ariadna

·         Edición de bolsillo en español de las obras más destacadas en el ámbito iniciático.

                Títulos publicados
1.       Consideraciones sobre la Iniciación ver aquí ¡Novedad!

-Letra y Espíritu. Revista de Estudios Tradicionales
·         Revista semestral consagrada a estudios de carácter tradicional e iniciático

                               LyE nº 35. Monográfico sobre la Voluntad. ver aquí


-Lapis Reprobatus Secretum Custoditum

·         Ritual de matriz escocesa y catecismo para los tres grados simbólicos
·         Profundo trabajo de restitución y reencuentro de los elementos tradicionales a partir de sus fuentes.
·         Cuidada edición y texto trilingüe (italiano-francés-español), limitada a Maestros Masones.

Lapis Reprobatus Secretum Custoditum ver aquí


-Diccionario Masónico

·         Entradas elaboradas en base a la exposición realizada por los autores más reconocidos del ámbito tradicional
·         Referencia exhaustiva a las fuentes

Diccionario Masónico ver aquí




Alberto Gallardo, 3.·.
Editorial Librería Pardes
Tel.: 647 537 262 - 93 117 34 64

jueves, 15 de mayo de 2014

El respeto a “la vía Iniciatica” en Masonería. Los Hermanos TRAIDORES del Arte Regio.

Los Hermanos TRAIDORES del Arte Regio. 

Que hoy la Masonería es una Asociación regularmente constituida y legalmente establecida en la mayoría de los países del mundo es algo incuestionable.

Cada nación cuenta con no menos de una docena de Organizaciones, asociaciones, fundaciones,…. “masónicas” en su territorio, por limitada que sea la presencia del Arte allí.

Así se regulan también las Grandes Logias u Obediencias en cada Jurisdicción y como asociaciones que son deben regularse de acuerdo a unos reglamentos y constituciones “propios” ; que los iniciados no solo deben conocer y respetar , además debieran salvaguardar para mantener la pureza del Arte allí donde trabajen.

Fuera de “lo escrito” y de lo “reglado”, aspectos en los que los Hermanos más “ilustrados” se mueven “cómodos” (ya que les permite rebatir y discutir hasta lograr bordear ciertos requisitos), es propio en el Arte la transmisión “boca-oreja” de ciertas : características, tradiciones , obligaciones , compromisos , enseñanzas,…. Entre estas hoy me gustaría plasmar en papel el “matiz” del respeto a lo que denomino “la vía iniciática” :

Para cualquier Mason que comprenda el Arte “las casualidades” no existen (o al menos no deberían existir) y todo esta cau-salmente hilvanado en “un proyecto” superior, del que se nos escapa la totalidad, siendo conocedores de una insignificante fracción en nuestro estado personal de espacio-tiempo. 

Este “proyecto” nos lleva en un momento determinado de nuestras vidas a “despertar” el interés por el Arte y tras algunos meses o años, a guiar nuestros pasos hacia una Obediencia concreta y una Logia determinada allá donde vivimos. “Todo es causal” y está regido, por lo que aceptamos en Masonería como el Gran Arquitecto del Universo (y que cada cual en su fuero interno puede comprender como su propio Di..s , o como energía , principio regulador,…) .

Esta es la razón por la que “se recomienda” a las diferente Logias a  JAMÁS INTERFERIR EN EL PROCESO INICIATICO DE UN HERMANO. Aquel que es Iniciado en un Taller concreto, lo hace por una razón determinada (aunque siempre desconocida) y debe alcanzar la plenitud de sus derechos Masónicos en esa misma Logia que le mostró la Luz, NO EN OTRA (o bien retirarse si entiende que lo que ofrece el Arte Real no es aquello que él “busca”).

La tradición marca que ninguna Logia debe “jamás” conferir Grados más que a sus propios Iniciados. Llegar a interferir o interrumpir ese proceso Iniciático es, cuanto menos, muestra del desconocimiento total de lo que el Arte promueve o una total falta de respeto por la carga iniciática y esotérica que la Iniciación imprime en sus iniciados (con las consiguientes responsabilidades).

Esta “prohibición” con una carga claramente esotérica , tristemente se ha recogido en algunos reglamentos de las maneras más variopintas, incluso de manera explícita en algunas obediencias. Lo que ha llevado a los Hermanos más “ilustrados” a “pervertir” de algún modo algo Iniciatico, denigrándolo como algo meramente administrativo.

Al convertirse esa “prohibición” de carácter tradicional en algo “escrito” surgen “las Dispensas” y las “tretas” administrativas para poder pasar de una Logia a otra, bordeando lo correcto y convirtiéndolo únicamente en reglamentario .

En cualquier caso un Aprendiz entrado o un Compañero de oficio que deseara comprender el Arte JAMÁS debería cambiar de Logia, ni llevado por otros Hermanos, ni por diferencias de opinión con su Taller, ni por ninguna otra causa. Tan solo razones imposibles de salvar podrían justificar ese cambio (y de las que tan solo se me ocurre: un importante cambio de residencia o la imposibilidad de acudir a los Trabajos por la modificación del horario laboral ,…) de cualquier otro modo la carga iniciática de la iniciación corre grabes riesgos de “perderse” y que los Hermanos vaguen de una Logia a otra o de una Obediencia a otra antes de perderse en el camino que el Arte les propone.

He dicho.

PUBLICADO EN EL BLOG "LA MASONERIA EN MURCIA" POR PRIMERA VEZ EL 19 DE AGOSTO DE 2010 DE LA VERDADERA LUZ (6010 DE LA ERA MASONICA).


Nota :


A modo de curiosidad “AÚN” en ninguna familia, por instruida que sea, se plasma en papel las costumbres, normas, horarios,… con lo que limita mucho la posibilidad de “bordearlas”. Todo es conocido, por todos y siempre queda supeditado a la “libre” interpretación del adulto responsable que en cada momento se hace cargo de la situación (“a las ocho en casa”). Del mismo modo “ningún” menor puede abandonar el domicilio familiar para fijar su residencia en otro lugar salvo por causas “muy justificadas” .

sábado, 10 de mayo de 2014

DIÁLOGO ENTRE UN PROFANO Y UN MASÓN

El blog  La Masonería en Murcia publicó este breve dialogo que circula por la Red por primera en Julio de 2010 hoy lo he querido rescatar por la sencillez con la que se aclaran algunos de los principales mitos que circulan entre el manido repertorio de muchas personas. 
Confío que sea de vuestro agrado:

A - Sé que Ud. Es Masón. Se hablan tantas cosas sobre Uds. Que me gustaría que pudiera contestar algunas preguntas, aunque creo que no está autorizado para hacerlo.

B - Al contrario, pregunte Ud...

A - Me sorprende. Tenía entendido que los Masones están obligados a una severa discreción.

B - Eso se refiere a cuestiones internas de la Orden igual que en cualquier otra asociación.

A - Entonces, empecemos, ¿qué fines persigue la Masonería ?
B - Trabajamos por el ennoblecimiento de la humanidad y queremos contribuir para que la libertad, la tolerancia y la fraternidad dejen de ser una utopía y se extiendan cada vez más por el mundo.

A - Dicen Uds. que "trabajan". ¿Qué clase de trabajo es ese?

B - Lo hacemos sobre nuestra propia conciencia como estímulo al desarrollo moral e intelectual. Haciendo que nuestras logias sean centros de unión que permitan una amistad verdadera entre personas y fomentar cualquier obra o idea, tanto en el plano práctico como teórico que beneficie a los miembros de la institución y también al resto de la sociedad.

A - Según Uds. ¿dónde se encuentran los fundamentos de la verdadera moral?

B - En nuestra propia conciencia y en los fundamentos éticos de la cultura de la humanidad.

A - Dicen que son Uds. una asociación religiosa o política.

B - No, en absoluto. Precisamente en nuestras reuniones esta prohibido hablar de religión y política. Nosotros somos respetuosos con todas las creencias y admitimos en nuestra institución todas las formas de pensamiento dentro del marco de la convivencia democrática.

A - Pero a pesar de todo dicen que Uds. no son religiosos.

B - Yo le diría lo contrario. Precisamente el masón en esa búsqueda de la verdad, suele volverse más espiritual.

A - Dicen que hay una suprema Dirección de su Orden que abriga secretos .

B - Esa "suprema" Dirección no existe. No hay más que asociaciones de logias en cada Estado o país. Relaciones internacionales solo se establecen entre las distintas asociaciones manera de las relaciones diplomáticas entre potencias o naciones y para regular asambleas o congresos , intercambiar noticias o coordinar acciones de común interés para todos los miembros.

A - He oído decir que la Masonería no sólo existe aquí y que se extiende a otros países.

B - La Masonería está establecida en más de 150 países, a lo largo y ancho del mundo libre, contando con más de diez millones de afiliados, respetados internacionalmente por los gobiernos y organizaciones dada su alta formación moral y ética.

A - No aspiran Uds. también a la fraternidad universal en el sentido político .

B - Sí, claro, nosotros fomentamos la democracia, el respeto a la Ley , a la autoridad legítima, proclamamos unos principios que deben regir la conducta humana y social. Por supuesto también fomentamos la paz y la solidaridad.

A- ¿Qué otras cualidades específicas consideran Uds. necesarias para ser admitido?

B - Quien pretenda ingresar en la Masonería ha de ser hombre libre, tolerante y no dogmático, tenaz y buscador de la Verdad, porque como alguien dijo, sólo ella nos hará libres.

A - Se oye con frecuencia que Uds. se llaman entre si Hermanos.

B - Lo somos en el sentido de la coincidencia de nuestros anhelos; lo somos por nuestro común ideal de fraternidad y solidaridad entre todos los hombres; además mantenemos un mismo sentido de humanidad, por un mundo donde impere la concordia y la paz.

A - ¿La Masonería es una sociedad secreta?

B - Mejor sería decir discreta.

A - Pero hay Masones que no reúnen esas virtudes que Ud. proclama.

B - Somos hombre no somos ajenos a las debilidades humanas. Pero, justamente, al ingresar en la Institución, estudiamos y trabajamos por el perfeccionamiento humano. Es nuestro camino. Es nuestro objetivo.

A - Que es lo que a su juicio hace que la Masonería, siendo tan antigua, no haya desaparecido.

B - La universalidad del ideal masónico, la solidez de sus estructuras a través del tiempo han estado siempre presentes en la evolución humana por rápida que ésta haya sido. La Masonería es una sociedad de pensamiento de reflexión de imaginación. Y por ella han pasado hombres de todas las ramas del saber humano que son los verdaderos eslabones de esa cadena humana que se llama Masonería.

A - Ahora lo tengo todo más claro.












Para aportaciones, noticias y post  en este blog , emplear el email  :

 lamasoneriaenmurcia@gmail.com


domingo, 4 de mayo de 2014

Vídeo sobre Masoneria de la UNED con Pedro Alvarez Lazaro, Jesus Soriano Carrillo, José María Cayetano Núñez: "Historia Viva. La Francmasonería"

Avisando al lector que el vídeo, que dejo al pie de la UNED, es un formato demasiado plano y triste para despertar interés alguno -en nadie- y que nada nuevo aporta a la masoneria en general ni al Supremo Consejo que el Soberano Gran Comendador Jesus Soriano representa; entiendo que siempre es un placer escuchar al profesor Pedro Alvarez (y al mismo SGC Jesus ) y que la visión del Profesor Jose Maria Cayetano es algo a tener presente. 
Por otra parte en el vídeo se dejan entrever un par de perlas (no más) que pueden estar bien. Además no llegara a ocupar media hora de vuestras vidas.

Este es el texto que presentan y el titulo que le dan :



UNED - Historia Viva. La Francmasonería - 25/04/14



 La francmasonería o masonería se define a sí misma como una institución discreta de carácter iniciático, filantrópica, simbólica y también filosófica, fundada en un sentimiento de fraternidad. Su objetivo es la búsqueda de la verdad y también fomentar el desarrollo social y moral del ser humano, además del progreso social. Los masones se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada "Gran Logia", "Gran Oriente" o "Gran Priorato".Se han cumplido 200 años de la Masonería en España y el programa nos acerca a su pasado y también a su presente.Participan: Jesús Soriano Carrillo, científico, geólogo y Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo grado 33 y último, del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España; Pedro Álvarez Lázaro, catedrático de Historia en la Universidad de Comillas, y Académico de la Real de Historia; José María Cayetano Núñez, profesor titular de Derecho Constitucional en la UNED; Isabel Baeza, moderadora del coloquio, redactora de CEMAV-UNED.

martes, 15 de abril de 2014

FRANCMASONERÍA Y RELIGIÓN ¿Conexiones peligrosas o entente cordiale?


El trabajo masónico del Arcipreste Jean-François Vares, aún siendo a mi entender, demasiado denso y extenso para ser leído en el blog, creo que es de un gran valor para masones y candidatos. 

Es por eso que lo facilito también  en PDF para descargarlo y leerlo con diversas notas aclaratorias al margen (que para facilitar la lectora desde el blog he eliminado).


Como acostumbra a decir el traductor : “buena lectura” .



FRANCMASONERÍA Y RELIGIÓN

¿Conexiones peligrosas o entente cordiale?


Para empezar, os voy a contar una historia. No una historia legendaria; una historia verídica. ¿Por qué? Porque una buena parte de mi exposición será histórica, será historia. Ahora bien, ¿qué es la historia, sino la vida de las gentes, o para ser más exactos, una acta fiel de la vida de las gentes. De tal manera, que si escribiendo la historia, no contamos historias, esta vida de las gentes no es verídica, no es viviente, siendo ficticia y reseca.

Esta historia, es la de un largo conflicto, en ocasiones larvado, en ocasiones vehemente, de estos dos campeones de la religión y de la masonería que son, por una parte, la Iglesia católico romana, y por otra, El Gran Oriente de Francia. ¿Por qué estos dos organismos en defecto de otros? Porque son eminentemente representativos de estos dos ámbitos a ojos del francés medio, quiero decir con lo del francés medio, ese lector tipo de las revistas semanales. Para este francés middle class, LA religión, es esencialmente católica, siendo las otras religiones marginales o exóticas; y estadísticamente, no va equivocado. Y para este mismo francés, LA francmasonería, es el Gran Oriente, siendo el resto del paisaje masónico, un batiburrillo incomprensible, e igualmente, estadísticamente, nuestro francés tipo no anda equivocado.

Para vosotros, que estáis bien o muy bien informados, esta visión de las cosas os puede parecer sumaria y simplista, y así pues extremamente inexacta. Y seguramente tendréis razón. Pero la historia no es solamente el Acta de las cosas y las gentes, es también el informe de la manera en que las cosas y las gentes son percibidas. Y es a este ejercicio que me voy a entregar para comenzar. Pero, podéis estar seguros: ampliaré a continuación el espectro de mi visión.

HISTORIA DE UNA DESAVENENCIA

Fue la Iglesia romana la que empezó primero, hace ya más de dos siglos y medio, en 1738 exactamente; y diremos también a continuación, que desde entonces nunca ha dejado de hacerlo. Desde el primer texto, la constitución apostólica In Eminenti, se pueden contar por lo bajo 15 condenas e incluso 17 si incluimos los dos códigos de derecho canónigo sobre los que volveré más tarde: seis excomuniones en el siglo XVIII (en 1738, 1751, 1758, 1759, 1766 y 1775); ocho en el siglo XIX (1821, 1826, 1829, 1832, 1846, 1849, 1865 y 1884) y una en el siglo XX (1906), más los dos códigos de derecho canónigo de 1917 y 1983. Estos dos últimos coronando el conjunto como el buqué del castillo de fuegos artificales.

¿Qué es un código de derecho canónigo, o el derecho canónigo (siendo estas dos expresiones sinónimas)? Es a la vez el código civil y el código penal de una Iglesia orgánica: todas juntas, tanto las Iglesias ortodoxas como la Iglesia romana (pero no las comunidades protestantes, que son más bien federaciones que no Iglesias orgánicas). Siendo los más recientes y los mejor codificados para nuestra exposición los de 1917 y 1983.

El código de 1917, promulgado por el papa Benedicto XV, contiene un canon (es decir un artículo) que goza de cierta rotundidad, se trata del canon 2335, que estipula:

Aquellos que adhieren a una secta masónica o a toda otra asociación parecida que maquine contra la Iglesia o los poderes civiles legítimos incurren por este hecho en la excomunión reservada simplemente a la Santa Sede.

(“Reservada simplemente a la Santa Sede” significa que ninguna autoridad que no sea la del Papa puede levantar esta excomunión.)

Es preciso citar también (lo que nadie hace) el canon 1339 que estipula esto:

Son tachados con prohibición los libros […] que sostienen que el duelo, el suicidio o el divorcio están permitidos; que tratando de las sectas masónicas y otras sociedades del mismo género, sostengan que son útiles y no nocivas a la Iglesia y la sociedad civil.

(Recordemos estas palabras: “los poderes civiles legítimos” y “la sociedad civil”, pues volveremos más tarde sobre ellas.)

Se emprendió una revisión de este código (entre 1963 y 1983) a iniciativa del papa Juan XXIII. Vamos a hablar de ella, ya que esta nueva reglamentación fue el origen de esto que podemos llamar, según parezca, un malentendido o un diálogo para besugos.

Entre tanto, sucedieron diversos hechos a tener en cuenta. En primer lugar, las relaciones tejidas entre un jesuita, el padre Berteloot (1881-1955) y Albert Lantoine (1869-1949), poeta, novelista, miembro eminente de la Gran Logia de Francia, y reputado sobre todo como historiador de la francmasonería, en particular de la francmasonería dicha “escocesa”, es decir la de los altos grados. Dirigió en 1937 una “Carta al Soberano Pontífice” en la que proponía, sino una reunión, al menos una colaboración de estas dos fuerzas espirituales que constituían la masonería simbólica (veréis más adelante qué entiendo por ésta expresión) y la Iglesia católica para hacer frente a los Estados totalitarios. Resulta inútil precisar que esta misiva no recibió ninguna respuesta.

De más amplias consecuencias fueron las iniciativas de otro jesuita mucho más renombrado, el padre Riquet. El padre Riquet tuvo, entre cien otras ocupaciones, las “conferencias de Notre-Dame” siendo el más reputado desde Lacordaire. Estas conferencias pronunciadas en la catedral de París cada domingo de Cuaresma fueron el origen de la notoriedad de Lacordaire, su fundador, y le valieron al padre Riquet, durante doce años (de 1946 a 1955) una notoriedad equivalente. Las recuerdo, eran difundidas en directo por la Radio Nacional, sin que nadie dijera nada en contra. Es preciso decir que la personalidad de Michel Riquet era casi intocable: gran resistente, deportado a Mauthausen y después a Dachau, no era aconsejable tomarla con él, ya que había quienes responderían por él… En definitiva, estas conferencias de Notre-Dame, después de él, volvieron a la monotonía de la que habían salido. Pero por el momento, nos hemos ido fuera del tema. Volvamos.

Tanto en la Resistencia como en su etapa de deportación, el padre Riquet había cohabitado con los franceses más diversos: judíos, comunistas, francmasones –henos aquí- y estableció lazos de amistad con algunos. De ahí surgieron diversos compromisos en su vida ulterior. En primer lugar la defensa de los antiguos resistentes y deportados1. Luego la puesta en práctica de las “amistades judeo-cristianas”, ampliadas a continuación a todas las “religiones surgidas del Libro” (cristianismo, judaísmo, islam) con la fundación de la asociación denominada “La Fraternidad de Abraham2 (como consecuencia fue fundada una logia con el mismo nombre por Jean Granger en el seno de la Gran Logia Nacional Francesa). Y finalmente la causa ante el Vaticano de los francmasones creyentes (este epíteto es de importancia capital), más precisamente “creyentes en Dios”, o en una palabra “teístas”. Convencido que estos masones no entraban en el campo de aplicación del código 2335, a saber que no adherían a “una secta masónica o toda otra asociación parecida que maquine contra la Iglesia o los poderes civiles legítimos”, muy al contrario, se empleó con perseverancia en hacer levantar oficialmente ésta excomunión. Puso en marcha sus fuerzas, que estaban bien provistas, y con la promulgación por el papa Juan Pablo II, en 1983, del nuevo código de derecho canónigo, creyó haber ganado la partida al no hacerse más mención de la masonería. Se lee simplemente esto (canon 1374):

Aquel que se inscriba en una asociación que conspire contra la Iglesia será castigado con una pena justa; pero aquel que juegue un papel activo o la dirija será castigado con prohibición”. Ninguna mención a la francmasonería, ninguna otra mención a la pena de excomunión.

Así pues, según interpretación del padre Riquet y muchos otros, he aquí la excomunión levantada para los católicos. Esto era en enero de 1983.

Pero, ¡ay!, en noviembre del mismo año (26 de noviembre de 1983), estalla una bomba: una Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el antiguo Santo Oficio) en la que se lee literalmente esto:

…no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión

No entra en la competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido más arriba […]

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, en la audiencia concedida al cardenal Prefecto abajo firmante, ha aprobado esta Declaración, decidida en la reunión ordinaria de esta Sagrada Congregación, y ha mandado que se publique. […]

Y está firmado por:
Joseph, cardenal Ratzinger, Prefecto.

Nadie ignora que el cardenal Ratzinger no era otro que el futuro papa Benedicto XVI…

Resumiendo, vuelta a empezar. Salvo que la nueva situación es singularmente ambigua (por no emplear otros calificativos): los francmasones no están específicamente excomulgados, pero… permanecen apartados de la comunión. ¿Dónde está la diferencia?3 

De dónde, los comentarios jurídicamente y casuísticamente astutos del padre Riquet y de su comparsa masono-católica de la Gran Logia Nacional Francesa, el maestro Alec Mellor, para demostrar que los católicos no pueden sentirse implicados, puesto que la letra del código 1374 es explícita y la Congregación para la Doctrina de la Fe hace una interpretación del mismo lato sensu que contradice dicha letra. En definitiva, el canon 1374, es la ley; una interpretación que contradiga el espíritu y la letra de la ley es ilícita, nula y de efectos totalmente nulos. Debemos observar que numerosos son los católicos romanos que han pensado y continúan pensando lo mismo, y han entrado en masonería creyente, a menudo con el acuerdo implícito, o incluso explícito, de su párroco, incluso de su obispo. Es para ellos un asunto de consciencia que nadie puede dirimir en su lugar.

Esta Declaración provocó también un comentario por parte de otro jesuita eminente, el padre Ferrer Benimeli, del que hablaré a continuación.

Seguir el hilo de la historia me lleva casi hasta nuestros días.

Acabo de abordar un asunto que entra perfectamente en nuestra exposición: la recepción por parte de los católicos romanos de las decisiones papales. Para comenzar, en el siglo XVIII, no hubo para los franceses ninguna recepción, por la buena y simple razón que en virtud del concordato dicho de Boloña, suscrito en 1516 entre el rey Francisco Iº y el Papa León X, ninguna decisión del Papa, bula o constitución apostólica, sólo tendría fuerza de ley en Francia después de ser registrada por el Parlamento de París. Ahora bien, ni la constitución In Eminent de 1738, ni la constitución Providas de 1751, ni ninguno de los otro cuatro textos (menores) del siglo XVIII, nunca fueron registrados. Es por lo que los católicos franceses no veían ninguna dificultad en adherirse a la francmasonería, y lo hacían en masa, no solamente laicos, sino también eclesiásticos de todo tipo: sacerdotes, monjes, obispos…

A este respecto, es el momento de decir unas palabras sobre el padre Benimeli que acabo de nombrar. El padre Benimeli es un jesuita español que ha dedicado su existencia de investigador y universitario a la historia de la francmasonería. Es incluso -creo yo-, el más grande historiador vivo de la francmasonería. Ahora jubilado, ha dirigido durante largo tiempo el Centro de Estudios históricos de la Masonería española de la Universidad de Zaragoza4 . Su opus más importante es su tesis de doctorado defendida y editada en Caracas en 1976 (podemos entender perfectamente que fuera en Caracas y no en Madrid… bajo el reinado del general Franco) y publicada en traducción francesa por Dervy en 1982, luego de nuevo en 1989 –con un prefacio del padre Riquet (como se imponía). Esta obra, establecida sobre la base de una documentación monumental sacada de los archivos del Vaticano, de los archivos nacionales de múltiples países y numerosas bibliotecas y fondos documentales, es absolutamente indispensable para cualquiera que quiera tener una visión concreta, completa y precisa del fenómeno masónico en Europa en el siglo de las Luces. Su título en francés es: Los Archivos secretos del Vaticano y de la francmasonería. Historia de una condena pontificia. A destacar a continuación que el título en español es mucho más explícito: Los Archivos secretos vaticanos y la masonería. MOTIVOS POLÍTICOS de una condena pontificia. “Motivos políticos”: el término ha hecho retroceder al editor francés, pero el color se hace explícito. Volveré sobre ello más tarde.

¿Por qué hablaros de ahora en delante de esta obra? Para apoyar mi exposición. El padre Benimeli publica en efecto en un centenar de páginas una lista nominativa de eclesiásticos pertenecientes a logias de los que ha encontrado mención, ¡y precisa que ésta es incompleta! Como anécdota, diversos conventos, entre ellos los de Clairvaux o Fécamp en Francia (pero en otros lugares también) tenían su propia Logia…

La Revolución francesa modificó no obstante el estado de las cosas de arriba abajo. Las logias se vaciaron de aristócratas y de eclesiásticos, fuere porque emigraron, fuere porque se camuflaran, o fuese porque fueron simplemente ejecutados. Las logias mismas cesaron sus trabajos bajo el Terror y sólo los reprendieron después muy lentamente.

Acelero un poco mi exposición; bajo el Imperio, la francmasonería (de la que Napoleón no era miembro, pero sí su hermano José y la mayor parte de mariscales) fue un instrumento de dominio del poder. Para el emperador, la logia ideal ¡tenía por Venerable Maestro al Prefecto, como Primer Vigilante al Alcalde y como Segundo Vigilante al comisario de policía!

Instrumento de poder, la masonería lo continuó siendo hasta 1870. El ejemplo más flagrante es el del mariscal Magnan (1791-1865). Para apartar al Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, el príncipe Lucien Murat (1803-1878)5, por tanto primo suyo, pero respecto al que disentía políticamente, Napoleón III nombró para esta función al mariscal Magnan, uno de sus íntimos y que participó activamente con él en el golpe de Estado de 1851. Magnan no era francmasón, por lo que recibió los 33 grados masónicos en 48 horas. Esto sucedía en 1862.

Como consecuencia de ello, ni la antigua aristocracia que permaneció realista en su inmensa mayoría, ni a fortiori los eclesiásticos, regresaron a las filas de esta francmasonería politizada. El francmasón típico de ésta parte del siglo XIX puede identificarse grosso modo (evidentemente había excepciones) con el burgués louis-philippard, acomodado, desconfiado del pueblo, y volteriano, probablemente agnóstico. ¿Dos figuras emblemáticas de la época? El duque Decazes, ministro favorito del Luis XVIII, pero sobre todo gran industrial capitalista ; y el ministro favorito de Luis Felipe, François Guizot (que no era del todo agnóstico, sino protestante liberal).

Resulta claro que durante todo este período, en Francia (lo preciso bien: en Francia), la Iglesia católica, que pactaba más o menos, pero más bien más que menos, con el poder, no tenía ninguna razón de tomarla con la francmasonería, instrumento dócil de ese mismo poder.

Después del hundimiento del Imperio en 1870, era inevitable una reacción política en el seno de la masonería francesa; y dicha reacción no fue evitada.

Acabo de escribir las palabras “masonería politizada”. Pero ¿acaso no lo fue desde sus comienzos? Mi respuesta es: sí. Esta es mi certeza, que quizá muchos contestarán. Poco importa. Yo he hecho completamente mía la tesis que desarrolla desde 1996 y sobre todo desde hace una decena de años André Kervella, brillante historiador iconoclasta, francmasón (miembro del G.O.D.F.). Me adhiero a dicha tesis porque tenía desde hace tiempo la intuición, sin poder apoyarla . Y ¿cuál es esta? Por resumirla sumariamente y de manera un poco simplista: que la francmasonería moderna, dicha especulativa, no nació en Londres en 1717, como lo enseña sin rechistar la vulgata masónica, sino que muy anterior, y es escocesa de origen. Según Kervella, habría nacido en 1689 en el entorno del rey Estuardo, destronado Jacobo II de Inglaterra – Jacobo VII de Escocia (1633-1701), exiliado en el castillo de Saint-Germain en Laye, donde su primo hermano, le había ofrecido hospitalidad. Recordaremos que la “gloriosa revolución”, como los ingleses gustan llamarla no sin bravuconería, destronó a Jacobo II a causa de su conversión al catolicismo romano, y lo sustituyó su sobrino y yerno Guillermo de Orange, príncipe protestante. Después de la muerte de Guillermo III (1701), luego de la reina Ana, hija de Jacobo II y esposa del precedente (1714), la dinastía de los electores de Hannover (Jorge Iº y siguientes) fue llamada a ocupar el trono de lo que, entre tanto, había pasado a llamarse Reino Unido . Los partidarios de Jacobo II-VII, luego de su hijo Jacobo III-VIII (1688-1766, dicho el “caballero de San Jorge”, o también “el viejo pretendiente”), luego su nieto Carlos III – Eduardo (1720-1788, dicho también “Bonnie prince Charlie”, o así mismo el “joven pretendiente”) no aceptaron este estado de cosas, y lanzaron diversas expediciones de reconquista, de las cuales varias triunfaron durante un tiempo, en particular la de 1715 y sobre todo la de 1745 (que llevó a Carlos-Eduardo hasta Derby, a menos de 200 km de Londres) . Los refugiados “jacobitas”, como se les llamaba (no confundir con los jacobinos) no llegaron a ser más de unos 50.000, entre escoceses, irlandeses e ingleses mezclados, no solamente católicos, sino también protestantes partidarios de la monarquía legítima. Muchos de ellos (cerca de 25.000) formaron regimientos al servicio del rey de Francia. La suerte de los otros se pareció mucho a los de los emigrados franceses en tiempos de la Revolución. La corte del rey Jacobo en Saint-Germain en Laye, contaba con alrededor de 2.500 personas, lo que a la vez era poco (comparándola con la de Versalles) y mucho (para un soberano exiliado). Una cosa importante a observar: la mayor parte de señores ingleses y escoceses habían conservado sus feudos, por razón de haberlos confiado a parientes de su confianza, o por haber prestado falsamente un juramento de fidelidad al soberano de Londres. Se vio a muchos hacer idas y venidas entre el continente, es decir Francia, y las islas.

¿Por qué este recuerdo histórico detallado? Porque la tesis de Kervella, fundamentada por otra parte en un escrutinio casi exhaustivo de documentos archivados hasta el presente abandonados, en particular de las correspondencias diplomáticas y privadas, ésta tesis, lo repito iconoclasta, es la siguiente: las primeras logias aparecieron en Saint-Germain en Laye, en torno a Jacobo II, a partir de 1689, y estas no eran otra cosa (el vocabulario es mío) que células de conspiradores trabajando para la restauración del rey, en particular reuniendo fondos y armamento con vistas a estas expediciones por mar que ya he mencionado. Y esto prosiguió con Jacobo III su hijo, luego Carlos-Eduardo su nieto hasta alrededor de 1750, donde, después del fracaso desconcertante de 1745, el desánimo hizo mella en todos los jacobitas y en el mismo príncipe.

¿Y qué hicieron las logias inglesas?, en particular la susodicha Gran Logia de Inglaterra, creada en 1717. Pues bien, fueron la respuesta del pastor a la pastora, es decir la réplica de los hannoverianos a los jacobitas, legitimidad contra legitimidad. Y yo digo que esta explicación me parece mucho mejor que la que prevalecía hasta la actualidad –y que en realidad no era solamente una. La teoría dicha de la “transición”, según la cual las logias “operativas”, compuestas por constructores, técnicos de la construcción, se habrían transformado poco a poco en logias “especulativas” por la entrada de un número creciente de nobles y burgueses, teoría brillantemente defendida en su tiempo por el gran “doctor en masonería” inglés Harry Carr, es hoy definitivamente abandonada a falta de documentos que vengan a apoyarla. Pero el problema continuaría subsistiendo. ¿Por qué diablos, estos nobles y estos burgueses, habrían tenido la idea descabellada de reunirse para edificar ficticiamente el templo de Salomón? Si en contrapartida este simbolismo es una especie de paravientos, y que Salomón representa en realidad, para unos Jacobo III y para otros Jorge Iº, y el templo su reino, entonces todo cambia, y tenemos aquí una explicación racional.

Y es así que los jacobitas, para no quedar en desventaja ante el plagio de los hannoverianos, inventaron los grados “superiores” al de maestro, en particular un cuarto grado denominado (con justa razón) escocés, y también grados caballerescos templarios. Esto estaba en el aire de los tiempos. En efecto, se produjo en esa época un retorno a un medievo bastante mítico y a una caballería así mismo mítica. Esto se manifiesta tanto en la literatura como en las artes plásticas: se denomina a esta modalidad “el estilo trovador”. Comienza bajo Luis XV y prosigue hasta el Consulado al margen y en reacción al estilo pseudo romano que apasionaba a los revolucionarios. Su apogeo fue el Genio del Cristianismo publicado por Chateaubriand en 1802 (pero escrito mucho antes); y yo quisiera mencionar también la primera obra de teatro inspirada por la Orden del Temple, la tragedia de Los Templarios de François Raynouard (1761-1836) publicada y representada en 1805. Este modo “medieval” llegó a estar hasta tal punto establecido que el mismo Voltaire produjo en 1756 una epopeya titulada La Virgen de Orleans.

Todo esto para decir que Ramsay (muerto y sepultado, observémoslo, en Saint-Germain en Laye en 1743) con su Discurso, o más bien sus Discursos (ya que hay dos versiones, une que fue pronunciada en Logia en 1736, y otra que debería haber sido pronunciada en Gran Logia en 1737, y que no lo fue jamás, a causa de la prohibición del primer ministro, el cardenal de Fleury), Ramsay, pues, haciendo remontar al menos alegóricamente a los cruzados la institución de la masonería , no era un aislado estrafalario, contrariamente a lo que los historiadores masónicos afirman gustosos, y que su empresa se inscribía en un contexto que le otorga una perspectiva política –o, para ser más precisos, una perspectiva político-masónica precisa.

Yo pienso, que para la mayoría de aquellos que conocen la historia de los comienzos de la francmasonería, esta tesis de un origen, insisto, “político” de este movimiento, es cuando menos, desconcertante, en la medida que se sustenta en ideas recibidas… Y por tanto: el cruce que André Kervella ha hecho de los nombres de los emisarios ocultos de Jacobo III con los miembros inscritos en las logias es absolutamente convincente. Son similitudes que no pueden ser fruto del azar.

Para aquellos a los que esto interese, recomiendo particularmente el último de los libros de André Kervella (ha publicado una docena), que se titula Les rois Stuart et la franc-maçonnerie, aparecido este último año 2013 en las Editions Ivoire-Clair. Me ha gustado mucho, al igual que a todos aquellos a los que lo he recomendado.

Y es aquí que volvemos a encontrar la llamada inexactamente bula In Eminenti de 1783, que en realidad es una constitución apostólica. En su monumental obra ya citada, el padre Benimeli prueba que los motivos reales de este texto (al que el Papa Clemente XII no puso la mano, excepto para firmarlo) son puramente políticos ya que están ligados a la política del Papa en tanto que soberano temporal en el seno de una Italia en plena mutación política (insisto de nuevo sobre este epíteto), siendo los motivos teológicos invocados una simple cortina de humo. Recordemos por tanto brevemente esos motivos, ya que serán reproducidos ulteriormente hasta la saciedad.


Primeramente, estas “sociedades, asambleas, reuniones, conventículos”, se hacen en secreto: prueba de ello que son criminales, ya que “si ellas no hicieran mal, no odiarían así la luz”. Otra prueba es que, “en varios Estados [que no se nombran], han sido […] proscritas y prohibidas como contrarias a la seguridad de los reinos.” La motivación política hace aquí algo más que transparentar. En realidad es confirmada algunas líneas más adelante por una referencia a “la tranquilidad de los Estados temporales”.


La segunda queja es la coexistencia de “hombres de toda religión y toda secta”, situación evidentemente impensable en un tiempo en que las relaciones interreligiosas eran solamente polémicas en sentido propio, es decir relaciones de guerra.

La tercera queja se expresa así: “…y por otras causas justas y razonables conocidas por nosotros…” Y, ¡eso es todo! Estaremos de acuerdo que esto es más que ligero. Añadamos que la constitución Providas de 1751 del papa Benedicto XV no dice mucho más y se contenta con exagerar sobre el texto de In Eminenti.


La prueba que los motivos profundos de esta condena fueron políticos resulta claramente con la comparación con la obra de Kervella citada precedentemente. Aparece que Robert Walpole, primer ministro inglés durante este período crucial, de 1721 a 1742, él mismo también masón, utilizaba a los miembros de las logias hannoverianas como emisarios, como “honorables corresponsales”, es decir como agentes secretos y espías, principalmente en Italia donde el pretendiente había encontrado refugio . Aparece no menos claramente que las logias jacobitas de los Estados pontificios no fueron nunca realmente molestadas; y cuando incluso la Inquisición, tomando al pie de la letra la constitución In Eminenti, quiso ocuparse de ellas, el procedimiento fue rápidamente parado. Jacobo IIIº era francmasón y su hijo Carlos-Eduardo también, contrariamente a lo que éste afirmó falsamente algunos años más tarde . Simplemente, este había prometido al Papa mantener un perfil bajo.


Todo esto aclara bajo otra luz la condena papal de 1738. Recordemos que estaba en cuestión la “seguridad de los reinos”, la “tranquilidad de los Estados temporales”. Pero ¿quién era el rey legítimo de la Gran Bretaña a ojos de la Santa Sede? Ciertamente no el elector de Hannover, este príncipe herético y cismático, factor de turbaciones en el Sacro Imperio del que era uno de los electores, sino el rey Estuardo, fiel a la santa Iglesia católico-romana.

No olvidemos (resulta un defecto frecuente el desconectar la historia de la masonería del panorama histórico europeo que indefectiblemente está como telón de fondo) que esta época es la de la guerra de sucesión de Austria (1740-1748) en la que se vio a soberanos católicos y protestantes enfrontarse en Alemania –Francia jugando, como a menudo sucedía con Richelieu, en campo contrario. Y por consecuencia las decisiones papales se inscribieron en este contexto, vuelvo a repetirlo una vez más, político.

No obstante, ya lo he dicho antes, estas condenas fueron en Francia nulas y no tuvieron ningún efecto.

Pero ¿cómo se traducía todo esto en el seno de la misma masonería? André Kervella desbroza perfectamente la problemática. Hubo al comienzo en Francia una masonería jacobita –resulta obvio observar que los primeros Grandes Maestros de la Gran Logia, como Mac Lean y Derwentwater eran aristócratas escoceses . Luego se formaron conjuntamente logias hannoverianas. De este modo, contrariamente a lo que se escribe, los orígenes de la masonería francesa no le deben nada a Londres, sino todo a Saint-Germain-en-Laye, y luego a Roma. Un detalle a observar, por una parte estos masones se hacían la guerra en Escocia e Inglaterra, pero mantenían en Francia (y más tarde en Italia) relaciones cordiales. ¿El espíritu masónico, quizás?


¿Y los franceses?, ¿qué papel jugaban en todo esto? El hecho es que los Grandes Maestros siguientes fueron aristócratas de altos vuelos, en primer lugar Louis de Pardaillan de Gondrin, duque de Antin (1707-1743), luego Louis de Bourbon-Condé, conde de Clermont (1709-1771), príncipe de sangre, es decir pariente cercano del rey, y finalmente Louis Philippe de Orleans (1747-1793), primo del rey, primer príncipe de sangre , muestran suficientemente que la masonería fue objeto de verdadero entusiasmo y que la nobleza de espada, de vestimenta y de iglesia se precipitó en ella. Resulta inútil decir que la masonería francesa de entonces había perdido hasta el más mínimo recuerdo del carácter o caracteres políticos de sus comienzos. Se había convertido únicamente, como la describirá poco después Joseph de Maîstre , en una “sociedad de placer” en la que uno se dedicaba, como me complací escribir en uno de mis estudios, citando el título del célebre vals de Johan Strauss, a “Amar, beber y cantar”. Se acabó la política, nada de esoterismo –la palabra no existía en esa época, ni la cosa tampoco, salvo en una sociedad de la que os hablaré más tarde- ninguna otra cosa que el divertimento.

Esta francmasonería era –precisémoslo- de doble cara. De igual modo que coexisten en el seno de la Iglesia de Inglaterra una High Church y una Low Church, coexistían de igual manera, sin confundirse, lo que podríamos llamar una “alta francmasonería” y una “baja francmasonería”. Una francmasonería modesta, hecha de tenderos, taberneros, funcionarios de justicia, curas… y una francmasonería de altos vuelos, compuesta por la más alta aristocracia de la corte, de la villa y de la Iglesia, donde se codeaban los dos hermanos del rey, los condes de Provenza y de Artois, futuros Luis XVIII y Carlos X, príncipes de sangre, grandes aristócratas como el duque de Montmorency-Luxembourg, “primer barón de Francia”, es decir salido de la más antigua familia de Francia (y adjunto del Gran Maestro el duque de Orleans), cohortes de arzobispos y obispos, de parlamentarios (es decir de altos magistrados) … e incluso la reina y su amiga íntima la princesa de Lamballe –ya que existía también una masonería femenina .

Es absurdo decir que todo este bello mundo no conspiraba. Incluso si estos grandes señores eran en su mayor parte “libertinos” en los dos sentidos del término, a saber, en cuanto a las costumbres y en cuanto a las ideas , se sentían demasiado ligados a sus privilegios que les garantizaban los favores de la vida como para encausar al trono y el altar de los que precisamente tenían estos privilegios. En cuanto al pueblo llano de las logias, por mucho que refunfuñaran contra los impuestos demasiado pesados (sobre todo a causa de las guerras)…, nada les repugnaba más que el republicanismo, que les olía a chamusquina, con el ejemplo poco atrayente de “esos señores de Ginebra” .

Lo que hizo, que cuando la política volvió a atrapar a esta francmasonería convertida completamente en apolítica, lo cual se produjo en pleno corazón de la Revolución, lo hizo de una manera absolutamente nueva e inesperada, y digámoslo de entrada, completamente a contrapelo. De 1797 a 1799, un polígrafo, el abad Augustin Barruel, antiguo (y futuro) jesuita publicó las Mémoires pour servir à l’histoire du jacobinisme (Hambourg, P. Fauche, Vol. 5) que supuso un inmenso éxito de librería y ha dado lugar a una posteridad innumerable. Había en efecto que encontrar las causas de esta Revolución francesa que había engullido sin explicación racional la monarquía más antigua del mundo civilizado. Estas causas, o quizá mejor esta única causa, Barruel, que afirmaba haber sido recibido por su parte en Logia, la desvelaba con toda claridad: era la acción de los francmasones. O para ser más precisos: la acción conjugada de “los filósofos ateos, los nuevos templarios, los rosacruces y los francmasones” ocultamente dirigidos por los Illuminati, a fin de destruir los poderes existentes, a saber la Iglesia y la monarquía.


Vista la descripción que he dado de la francmasonería francesa pre-revolucionaria, está claro que estas afirmaciones son un despropósito total. Pero hacía falta un culpable: la búsqueda de uno o varios culpables es una constante en la acción política, al que dispensa un esfuerzo siempre difícil de analizar. El culpable fue rápidamente encontrado, y continuó siéndolo por largo tiempo, ya que se continúa todavía en nuestros días designando como tal a la francmasonería en los medios contra-revolucionarios. Se llegó al colmo de la absurdidad –absurdidad todavía muy presente hoy en ciertos medios- de acusar al Convento masónico de Wilhelmsbad de 1782, de haber sido la reunión de los conjurados europeos planificando la destrucción de la Iglesia y las monarquías, mientras que ese Convento reunió a los partidarios convencidos de una masonería cristiana, y exclusivamente cristiana, de la que hablaré al término de ésta exposición. Alejandro Dumas, decía que en ocasiones es preciso violar la historia para hacerle hijos hermosos; no es este el caso.

Hay en las acusaciones que acabo de relatar diversos términos que llaman la atención. “Nuevos templarios”: son estos grados caballerescos que ya he mencionado, y había en efecto en Alemania un sistema caballeresco denominado Estricta Observancia, que pretendía reconstituir la Orden del Temple, la cual, según ellos, solo había sido abolida en apariencia por el concilio de Viena de 1312. Sin embargo este sistema estaba dirigido por íntimos de los príncipes reinantes o incluso reyes, por lo que no parecería lógico, que estos cortaran la rama sobre la que estaban sentados…! Y recordemos que el emperador Joseph II, hijo de María Teresa, era francmasón, al igual que su padre el emperador Francisco Iº, así como el rey de Prusia, Federico II el Grande, por hablar solamente de ellos. “Rosacruces”: se trata de los famosos “rosa-cruz”, de los que no voy a decir nada, ya que haría falta una conferencia entera, pero sabed que no tienen nada que ver con la francmasonería. Los Illuminati tampoco, pero eso no parece importar mucho. Para resumirlo, los “Iluminados de Baviera” (por dar a esta orden su verdadera denominación) fueron fundados en 1776 en Alemania por un profesor de derecho canónico, Weishaupt, pero paradójicamente, sobre la base de una filosofía materialista, progresista e igualitaria, con miras efectivamente a derribar el trono y el altar. Trataron de establecer células progresivamente en la masonería alemana, lo que les resultó fatal, ya que los príncipes y clérigos recibidos en sus filas quedaron horrorizados, y la orden fue prohibida a partir de 1786 y Weishaupt despedido y mandado al exilio. De todas maneras la Orden de los Iluminados no llegó a tener nunca ramificaciones en Francia.

Volviendo a Barruel, su arsenal se enriqueció a partir de 1806, en base a unas “revelaciones” de un corresponsal italiano, aguerrido antisemita, según el cual, las “fuerzas ocultas” de la masonería (por tomar el título de una película cinematográfica violentamente antimasónica, de marzo de 1943) eran en realidad los judíos trabajando para la dominación del mundo.

¿Por qué insisto en todos estos detalles? Porque lo que tenemos aquí, constituye el archiconocido tema del “complot judeo-masónico” que podemos encontrar inalterado y que ha llegado hasta en nuestros días. Esta tesis –anticipemos algo de ella- le debe su indumentaria teológica a un jesuita alemán, arzobispo de Bombay, Mons. Leo Meurin, gracias a la publicación en 1893 de una obra que llevaba por título: La Francmasonería, sinagoga de Satán. Esta fórmula de “complot judeo-masónico” atribuida a tanta gente, y mal que pese, se le ha de reconocer la paternidad a Mons. Meurin.


Esta retórica, con sus fórmulas y variantes, ha desafiado los tiempos y la hemos podido encontrar sucesivamente en el momento de la separación de la Iglesia y el Estado, en los años 1900, en las polémicas de La Libre Parole de Edouard Drumont antes de la guerra de 1914, en las de L’Action française de Charles Maurras y de Léon Daudet entre las dos guerras, en las publicaciones oficiales bajo el régimen de Vichy, y de nuevo en nuestros días con ocasión de los debates denominados “sociales”. Esta retórica simplemente se ha acrecentado conforme avanzaba, cuando el caso Dreyfus, con otro elemento: el anti-germanismo. Así, según Maurras, los cuatro elementos constitutivos de la Anti-Francia, serían: los francmasones, los judíos, los protestantes y los extranjeros.


Pero, ¿quizá me echéis en cara que me alejo del tema? En absoluto. Ya que son exactamente estas armas las que fueron utilizadas por la Iglesia de Francia, en lo que se ha venido a llamar la guerra, por una parte antimasónica y por otra antirreligiosa, guerra pues político-religiosa que causó estragos en los primeros decenios de la IIIª República. Os he mostrado anteriormente lo que el altar había pactado con el trono hasta 1870. La reacción antimonárquica que le siguió debía forzosamente tomar el cariz de una reacción anticatólica. Era preciso terminar con el reinado conjunto del sable y del hisopo. Y este combate, fue el Gran Oriente de Francia el encargado de llevarlo a cabo. Combate tanto más vigoroso en la medida que la Iglesia de Francia, en su inmensa mayoría, permaneció muy hostil a la República –en despecho de la “adhesión” a las instituciones republicanas recomendado por el Papa León XIII (1810-1903) en su encíclica “Au Milieu Des Sollicitudes” (de 16 de febrero de 1892) , encíclica que no fue muy escuchada en Francia.

El primer cañonazo fue tirado en 1877 por Gambetta (iniciado a finales del Segundo Imperio) con esta fórmula que ha pasado a la posteridad: “El clericalismo, ¡he ahí el enemigo!”. Desde entonces, hubo identificación –podríamos hablar de osmosis-, de la francmasonería y el poder republicano, y de ambos con el “libre pensamiento” y el anti-catolicismo.

Podríamos decir, sin realmente exagerar, que al menos hasta 1914, los gobiernos se hacían y deshacían en el seno de las Logias. Es por esta misma época que el Gran Oriente de Francia decidió, si me permitís este neologismo, “hacerse ateo”. Me explico. Desde 1849, y a iniciativa de su Gran Maestro el príncipe Murat, que ya he señalado, el artículo Iº de sus Constituciones, estaba así redactado: “La Francmasonería, institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresista, tiene por base la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.”


Lo que hacía del Gran Oriente una Obediencia teísta.


Ahora bien, en septiembre de 1877, tras la ponencia del pastor Desmons (esto no me lo invento) que era también diputado republicano, el convento del Gran Oriente, por una fuerte mayoría modificó este artículo Iº, del siguiente modo:


“La Francmasonería, institución esencialmente filantrópica, filosófica y progresista, [el comienzo no cambia, pero sí lo que sigue] tiene por objeto la búsqueda de la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias, las artes y el ejercicio de la beneficencia. Ella tiene por principio la libertad absoluta de conciencia y la solidaridad humana. Ella no excluye a nadie por sus creencias. Tiene por divisa: Libertad, Igualdad, Fraternidad.” 


Diez años más tarde, se dio un nuevo paso y la invocación al Gran Arquitecto del Universo, quedó como facultativa; en la práctica, desapareció totalmente.


Así, oficialmente, la Obediencia se convirtió en agnóstica; pero en la realidad, desarrolló no solamente un anticlericalismo sino también un anti-catolicismo militante, (y en ocasiones provocador con los banquetes de viernes santo en el curso de los cuales se comía –y se come todavía- carne de cerdo) .


Desde entonces, la casi totalidad de presidentes del consejo que se sucedieron fueron “hermanos tres puntos” (como se les llamaría en lo sucesivo a resultas del título epónimo de una obra del célebre mistificador Léo Taxil), siendo el más célebre Emile Combes, “el pequeño padre Combes”, un antiguo seminarista convertido en ateo militante. Entre todos ellos tomaron una serie de medidas destinadas a abatir la potencia política y social de la Iglesia católica: prohibición para ejercer la enseñanza salvo autorización a las congregaciones religiosas (julio de 1904), luego rechazo sistemático de toda solicitud de estas últimas, lo que entrañó su exilio y el cierre de millares de establecimientos ; ruptura de las relaciones diplomáticas con el Vaticano (en mayo de 1904); separación de la Iglesia y el Estado (ley de 9 de diciembre de 1905) , de lo que surgió el inventariado de los 68.000 edificios religiosos existentes, inventarios que provocaron la irritación de los fieles que se oponían en masa –y provocaron algunos muertos- al igual que el rechazo a obedecer por parte de numerosos oficiales de policía ; luego confiscación de los bienes del clero (ley del 2 de enero de 1907) que pasaban a manos del Estado, o de las comunidades; finalmente, depuración del personal prefectoral y sobre todo del ejército, que fuera juzgado como poco leal. Esta última depuración dio lugar a un escándalo inaudito, el “caso de las fichas”. El escándalo estalló cuando fue revelado públicamente en 1904 que el general André, ministro de la guerra del gabinete Combes, había pedido al Gran Oriente de Francia que hiciera establecer en sus Logias, fichas sobre las opiniones políticas y religiosas de sus Oficiales, y que esta práctica venía funcionando desde hacía tres años ; la indignación llegó hasta el colmo, lo que provocó la caída –y consiguiente muerte política- de Emile Combes. 

¿Y la Iglesia? ¿Qué hace mientras tanto? Pues bien, ella replica con no menos virulencia. Su artillería, es el periódico La Croix que se ocupa del asunto. Fundado en 1880 por la congregación de los asuncionistas y enfocado deliberadamente hacia un público popular, fue desde el comienzo un periódico de combate, que denunció con virulencia la República, la francmasonería y los judíos por turnos o conjuntamente desde antes de Maurras. La Croix presumía de ser “el periódico católico más anti-judío de Francia”. En cuanto a su anti-republicanismo, era tan acusado que rechazó con fuerza el “alineamiento” decidido por León XIII, lo que hizo que el Papa, por medida de autoridad, hiciera revocar en 1900 a su redactor en jefe, el padre Bailly. Ese mismo año, doce asuncionistas, de sobrenombre “los doce monjes ligueros” son condenados por el Tribunal del Sena por maniobras sediciosas susceptibles de poner en peligro el orden público republicano, y su congregación es disuelta.

La continuación de la historia de La Croix ya no es de nuestra incumbencia. El periódico se convirtió en el portavoz fiel del Vaticano, incluida la condena de la Acción francesa en 1927, marcado por orientaciones cada vez más sociales (la Acción católica, la JOC, juventud obrera católica), dando su apoyo después de la Liberación al partido de la democracia cristiana (el MRP, movimiento republicano popular), lo que hizo de él un periódico muy a menudo pro-gubernamental. En nuestros días, es un periódico, si no de izquierdas, al menos de centro-izquierda. ¡Qué lejos del periódico de los orígenes!

Esta crónica ya un tanto larga va a terminar muy pronto. La Gran Guerra, la de 1914-18, gracias a la cohabitación forzada de los franceses de todas las categorías y de todas las opiniones en las trincheras, operó una sensible reconciliación entre los curas y el institutor francmasón, que se manifestó en la política nacional, en particular, con el restablecimiento en 1921 de las relaciones diplomáticas con la Santa Sede.


Sin embargo, la Segunda Guerra mundial y el establecimiento del Estado francés resultaron fatales para ésta reconciliación, al prestar su apoyo la mayoría de la alta clerecía al Mariscal y aprobar al menos tácitamente, aunque no siempre, las medidas antimasónicas del gobierno de Vichy (leyes del 13 de agosto de 1940 y del 11 de agosto de 1941) y el estatuto para los judíos (octubre de 1940 y julio de 1941). Por suerte, otros prelados (muy minoritarios, por cierto) habrían denunciado la suerte dada a los judíos, como fue el caso del arzobispo de Toulouse, Mons. Salièges , e incluso posteriormente el mismo arzobispo de Lyon, el cardenal Gerlier, que era partidario de Petain. Y sobre todo, la gran cantidad, no solamente de laicos católicos (como era el caso de Georges Bidault y Edmond Michelet) sino también de sacerdotes y religiosos que participaron en la Resistencia y sufrieron la deportación (como fue el caso del padre Riquet) o fueron ejecutados (se dice, que alrededor de 600), lo que facilitó mucho las cosas de cara a la Liberación.

La historia a continuación se acelera. Quedan todavía dos erupciones a señalar durante la IVª y Vª Republicas, las dos relacionadas con la escuela, que constantemente ha sido un absceso de fijación entre el campo católico por una parte y el laico por otra, siendo el principal actor de este último siempre la francmasonería. El primero fue justo después de la Liberación (los establecimientos católicos de enseñanza habían sido favorecidos por el régimen de Vichy), la “querella escolar” que duró más de diez años y fue resuelta –al menos momentáneamente- por la ley Debré del 31 de diciembre de 1959, que vino a reglamentar los establecimientos de enseñanza libre bajo contrato. Esta querella resurgió en 1984 cuando el gobierno Mauroy y su ministro de educación nacional, Alain Savary, la emprendieron con poner en práctica uno de los 101 compromisos del candidato François Miterrand, consistente en la realización de un “gran servicio público unificado de educación nacional”, cuyas condiciones de aplicación volvían a integrar la enseñanza libre en la enseñanza pública. Este proyecto hizo salir a la calle a centenares de miles, incluso más de un millón, de manifestantes, tras lo cual, el presidente Miterrand retiró en julio de 1984 el proyecto de ley, lo que supuso la dimisión del ministro Savary y luego del gobierno Mauroy al completo. Este desafortunado texto había suscitado por otra parte el descontento en ambos campos: en el campo católico, acabamos de comentarlo, pero también en el campo laico con la punta de lanza del Gran Oriente de Francia, que lo consideraba edulcorado y lo hizo saber al presidente Miterrand, que no le gustó mucho…

¿Hay en nuestros días una reanudación del enfrentamiento? Se podría llegar a pensar, con la discrepancia de opinión expresada de manera bastante violenta, suscitada por los problemas denominados “sociales”, siendo el primero el “matrimonio para todos”, por decirlo claro el matrimonio homosexual, y lo que le sigue y seguirá. Sin embargo el enfrentamiento no presenta el mismo aspecto que los del pasado.

Las autoridades religiosas católicas, con el cardenal André Vingt-Trois a la cabeza, arzobispo de París y presidente en su momento de la conferencia episcopal, si bien han condenado vigorosamente el matrimonio homosexual en nombre de los valores sociales y naturales –y no religiosos-, así como por el respeto a la dignidad humana, etc., se han guardado muy mucho de tomarla con la francmasonería que sin embargo ha tomado partido a favor de dicho matrimonio y de todo lo que debe seguirle. Incluso, interrogados a propósito de ese sacerdote católico que tanto ha dado que hablar, a causa del hecho de haber sido sancionado por ser miembro del Gran Oriente de Francia, el padre Vesin, el cardenal, se ha contentado con decir: “Es un poco difícil ser representante de una Iglesia y miembro activo de una corporación cuya principal ocupación es decir que la Iglesia es perniciosa.” 

Por su parte, y muy al contrario, el Gran Oriente de Francia lo ha tomado con extrema virulencia y particularmente en contra del cardenal arzobispo de París. Los cito:


Proyecto de ley sobre el matrimonio para todos

Fecha de aparición: 05/11/2012

La definición de los derechos de la persona solo dependen de la voluntad colectiva de los hombres

El Gran Oriente de Francia condena firmemente las palabras de la Iglesia Católica expresadas respecto al proyecto de ley sobre la apertura del matrimonio civil a todas las parejas que será presentado al Consejo de Ministros el próximo miércoles.

Así, la evocación por parte del Cardenal André Vingt-Trois de “las profundas mutaciones de nuestra legislación que podrían transformar radicalmente las modalidades de relación fundadoras de nuestra sociedad ” pone de manifiesto posiciones trasnochadas e incluso obscurantistas en total desfase con las necesarias evoluciones sociales y políticas de nuestro tiempo.


Este proyecto de ley mira asegurar un reconocimiento republicano de la libre elección matrimonial de los individuos que lo desean, en nombre de la igualdad de derechos.

En nombre de la Laicidad, el Gran Oriente de Francia recuerda que las Iglesias deben restringirse a la sola esfera espiritual, y no interferir, mediante imprecaciones estigmatizantes y mezclas violentas y odiosas, con los legítimos debates públicos y democráticos que presiden la evolución y el progreso de los derechos civiles.

París, el 5 de noviembre del 2012


Matrimonio para todos: sí al debate republicano, no al anatema


Fecha de aparición: 14/01/2013


En la vigilia de la adopción en Consejo de Ministros del proyecto de ley sobre el matrimonio para todos, el Gran Oriente de Francia ha expresado ya su apoyo a este avance en el ámbito de las libertades y el reconocimiento de la igualdad entre todos los ciudadanos. Ha sido fiel en esto a todas las acciones que en el pasado ha conducido en la defensa del derecho a voto de la mujer, el derecho de las mujeres al aborto libre y gratuito, y al pacto civil de solidaridad.


Desde la puesta en práctica concreta de esta promesa de la campaña presidencial, un vasto movimiento de contestación ha sido lanzado por las religiones monoteístas, confundiendo el deseo de contrato de matrimonio regido por el Código civil, salido de las leyes votadas por el Parlamento de la República francesa, y la organización del matrimonio religioso al agrado de las creencias de los practicantes de todo culto. Esta situación francesa es sorprendente cuando podemos constatar que este mismo derecho al matrimonio para todos ha sido reconocido por numerosos países en los que la Iglesia católica es influyente, como en España o Portugal y donde la Iglesia anglicana no contesta la decisión del Primer Ministro británico de proponer la misma evolución en la Gran Bretaña.

Ante la violencia del debate que se instaura, el G.O.D.F. hace un llamamiento a la serenidad y al respeto de las reglas democráticas en el funcionamiento de los servicios públicos.

En este sentido, a los responsables religiosos que se erigen en conciencia moral, se les podría recordar ciertas infracciones a la legalidad, como son la utilización con fines propagandísticos, de las emisiones religiosas difundidas por el servicio público France Televisión el domingo por la mañana y financiadas por fondos públicos, para denigrar en diciembre del 2012, el proyecto de ley depositado en el registro de la Asamblea Nacional; el no respeto a la prohibición de propaganda política en lugares de culto afectados por el título de la ley de separación de la Iglesia y el Estado (Artículo 35): sermones, entrega de octavillas llamando a manifestarse, difusión de cartas abiertas a los políticos… que constituyen “discursos pronunciados” representando una “provocación directa a resistirse en la ejecución de leyes o actos legales de la autoridad pública” o tendentes a “levantar o armar a una parte de ciudadanos contra los otros”; la ignorancia en la aplicación de la ley Debré de 31 de diciembre de 1959 sobre los establecimientos bajo contrato, por una utilización abusiva del “carácter propio” de los establecimientos, cuyo profesorado es pagado por los fondos públicos, mientras que la ley dispone que “el establecimiento, conservando su carácter propio, debe dar esta enseñanza en el respeto total de la libertad de conciencia”. Continuando con tales prácticas, las Iglesias, que disponen ya de numerosas ventajas materiales, en terrenos concordatarios y otros, corren el riesgo de despertar antiguas querellas que la ley de 1905 consiguió superar.


El debate concierne en primer lugar a los ciudadanos, y únicamente a ellos, creyentes o no, así como a sus representantes democráticamente elegidos, que votarán la ley.


Los francmasones del GODF quieren hacer prevalecer la serenidad de la que debe ser digna una democracia moderna y hacen un llamamiento a la responsabilidad de cada uno.


París, 14 de enero de 2013


Proyecto de ley en favor del matrimonio para todos – Decisión del Consejo de la Orden


Fecha de aparición: 25/01/2013

El Gran Oriente de Francia ha tenido la ocasión en dos veces, en dos comunicados, de saludar la adopción por parte del Consejo de Ministros y su depósito ante el Parlamento del texto de la ley sobre el “matrimonio para todos”.


Dicho texto es un avance en materia de igualdad de derechos, que ilustra el poder de los elegidos por la República para determinar los términos del contrato civil de matrimonio, al margen de las prácticas y creencias religiosas sobre el matrimonio religioso.

El consejo de la Orden, reunido este viernes ha decidido dar la libertad a los masones del Gran Oriente de Francia para asociarse a todas las manifestaciones en favor de este texto: cada uno podrá participar en cordón de maestro (o con collar de Venerable si la Logia ha votado previamente prestarle apoyo).

Permanecemos movilizados durante la duración del debate parlamentario para permitir a todos los ciudadanos poder ejercer plenamente todos sus derechos.


París, de 25 de enero del 2013.


La declaración más tajante, más clara, y por mi parte añadiré, la más franca, emanada del ministro de educación nacional de entonces, Vincent Peillon, es la que afirmaba a quien quería oírlo: “el catolicismo es incompatible con la democracia”. Y si se me objeta que quien he mencionado no es masón, responderé que el interesado inscribe formalmente su pensamiento y su acción en la línea de Ferdinand Buisson, este eminente francmasón libre pensador de finales del siglo XIX, que he mencionado anteriormente, y del cual quiere culminar la obra. Es tanto como decir, utilizando la fórmula bien conocida por todos, de que Vincent Peillon es “un masón sin mandil”.

A todo esto, la Iglesia católico romana, por su parte, se ha abstenido prudentemente de replicar. Se han ocupado de hacerlo en su lugar los innumerables movimientos católicos tradicionalistas que han surgido con ocasión de las manifestaciones de masas contra el “matrimonio para todos”. Citaré únicamente un manifiesto de “Primavera Francesa” , que es suficientemente elocuente.

Si añadimos a esto la multitud de mensajes difundidos en las redes sociales, en particular en Facebook, por los miles de reaccionarios (en sentido propio), inclusive contra-revolucionarios, uno se queda estupefacto de volver a encontrar, cien años y doscientos años más tarde, toda la verborrea de Maurras e incluso la de Barruel (por no hablar de la del régimen de Vichy): el complot judeo-masónico, la masonería responsable de la Revolución y el derrocamiento del trono y el altar, la anti-Francia, etc. –a diferencia que el anti-germanismo de antaño ha sido sustituido por un vivo anti-europeísmo (lo que viene a ser poco más o menos lo mismo, siendo la representación de Europa la imagen de Angela Merkel), todo ello conjugado con un anti-americanismo no menos visceral. Se pueden leer slogans envenenados sobre la “república judeo-masona”, e incluso (cito literalmente) “la república sodomita-judeo-masona”.

¿Qué conclusiones provisionales entresacar de esta crónica, que no es la de una guerra de los cien años, sino de una guerra de dos siglos y medio? En primer lugar, que tanto la Iglesia como la masonería, no dejan de ser organismos bajo el sol. Uno y otro están incardinados en las sociedades de sus tiempos (en plural, ya que esos tiempos cambian). Ambos son realidades socio-políticas que interactúan con su entorno, y muy a menudo, como hemos visto, por motivaciones políticas que no tienen mucho que ver, ni con el Evangelio ni con la iniciación. Los dos tienen una presencia en la sociedad, y así pues una acción en la sociedad, que los lleva a codearse, en ocasiones (como ahora) a enfrentarse y a guerrear.

La Iglesia católica, por razones que ya he descrito y que tienen que ver con la historia de Francia, no ha estado nunca ausente de la escena pública. La francmasonería, que había ocupado uno de los primeros papeles bajo la IIIª y IVª Repúblicas, se hizo discreta (sin estar nunca ausente, volveré sobre ello más adelante) desde el retorno al poder del general de Gaulle hasta la elección de François Hollande, que ha marcado su vuelta con fuerza. Hasta el punto que reducida durante largo tiempo al rango de “peones”, esos sujetos tapagujeros de los que la prensa echa mano, en el período falto de noticias de las vacaciones del mes de agosto, ha pasado a ser una revista de las más leídas, introductora por encargo de dosieres suministrados, como demuestra el reciente magazine de Le Figaro. En la cubierta, y con letras mayúsculas: “LOS FRANCMASONES LA GRAN OFENSIVA”, luego, en caracteres más pequeños: “Sus objetivos para el 2014 – Como reactivan sus redes”. Al interior, el dosier (de 10 páginas) introducido con este título: “LOS FRANCMASONES puesta en marcha”, con este resumen que lo dice todo: “Heridos en lo más vivo por ciertos ataques, deseosos de defender a sus amigos y sus ideas, los francmasones vuelven a la ofensiva. De sus redes en el Eliseo a sus feudos ministeriales, he aquí como se activan entre bastidores, tanto en las campañas municipales, como en la laicidad y la eutanasia.” Y observaremos que en las ilustraciones figuran únicamente dignatarios del Gran Oriente de Francia, con su Gran Maestro a la cabeza.

Ahora bien, es tiempo de evadirnos de este duelo entre solamente dos protagonistas, ya que detrás de los combates entre Aquiles y Héctor se perfila el enfrentamiento entre Grecia y Troya –si se me permite esta metáfora homérica. ¿Quién me lleva a esta cuestión que considero dilucidar ante vosotros? ¿este enfrentamiento no se puede expiar? ¿no tolera ningún acomodo?



Vamos pues a intentar ahora el “análisis espectral” (por plagiar a Keyserling ). Lo que me conduce a ampliar mi espectro, pero no desmesuradamente, lo que sería fuente de confusión. Pongamos pues los límites.


I ) La Francmasonería es un fenómeno occidental, una invención occidental, que solo concierne a los países occidentales u occidentalizados (como por ejemplo el Japón) y sólo concierne por vía de consecuencia que a las religiones de estos países occidentales u occidentalizados, o dicho de otra manera, y para ser breves, únicamente a las religiones dichas “del Libro”.

Enunciemos a continuación un hecho que no sufre ninguna excepción: los elementos radicales y fanáticos de estas religiones, todas ellas sin excepción, condenan y combaten con virulencia la francmasonería. Regla: el fanatismo y la francmasonería son antinómicos; por la buena y simple razón que el fanatismo proscribe la libertad, que es uno de los principios básicos de la francmasonería.


A la luz de lo que acabo de plantear, pasemos revista a estas tres religiones:


El Islam es hostil por principio a la francmasonería. No es porque el Corán plantee nada en contra; sino porque para ellos es una invención de los occidentales, y por consiguiente de los infieles. Además, podemos encontrar resabios contra el sionismo. Razón por la cual no existe francmasonería en los países intransigentes donde reina la sharia.


Se puede encontrar en Marruecos, por razón de un tradición de tolerancia que se remonta a Mohamed V, al igual que respecto al tema de los judíos.


Pero:


Se encontraba en Irán: se ha terminado;


Se encontraba en Iraq: se ha terminado;


Se encontraba en Egipto: se ha terminado;

Se encontraba en Siria: se ha terminado;


Se puede encontrar en el Líbano: esto, si dura todavía es a causa del carácter constitucionalmente pluriconfesional del país;


Se puede encontrar todavía en Turquía, pero esto corre el riesgo de terminar pronto, vista la evolución del régimen de Recep Tayyip Erdoğan.

Por lo que respecta al Judaísmo, es preciso distinguir entre el Estado de Israel y el resto del mundo. En todas partes de Occidente, los judíos son ciudadanos como los otros, que desde hace más de un siglo, actúan como los otros, y no tengo conocimiento de oposición de ningún tipo por su parte respecto a la francmasonería, y yo diría incluso que sucede al contrario.

En Israel, sin embargo, la situación es contrastada. Los judíos que calificaría, a falta de encontrar mejor término, como “ordinarios”, actúan como sus correligionarios de los países occidentales (por otra parte, ¿acaso Israel no es un país occidental trasplantado a Oriente Medio?), y podemos observar en este país una masonería muy próspera.

Por el contrario, la masonería es deshonrosa para los judíos ortodoxos, los hassidim, pero estos viven como en un gueto en el interior de su propio país .

En cuanto al cristianismo… Tenemos ahí un calidoscopio. Para simplificarlo, podríamos reducirlo a tres ramas principales: el catolicismo romano; el protestantismo; y la ortodoxia. Empezaré por el final:

1. La ortodoxia es un calidoscopio al interior de un calidoscopio. Hay unidad en la fe –ello es indispensable- pero hay una organización explosionada, de donde la cantidad de Iglesias.


Se podrían organizar en dos categorías: las Iglesias dichas “canónicas” y las Iglesias que no se reconocen como tales. Pero ¿qué es la canonicidad? Exactamente la misma cosa que la “regularidad” en francmasonería. La una y la otra resultan del reconocimiento por un organismo de referencia que es, por lo que incumbe a la francmasonería, la Gran Logia Unida de Inglaterra, y para la ortodoxia, el Fanar, es decir el patriarcado dicho ecuménico de Constantinopla . Está claro que esta calidad extrínseca no es en absoluto satisfactoria. La ortodoxia intrínseca resulta de la confesión de la “verdadera fe” (lo que significa por otra parte el término ortodoxia) como la regularidad intrínseca resulta de la práctica de los verdaderos principios masónicos. Todo esto para decir que esta distinción es inoperante para nuestro asunto, pero tenía que hablar de ello para eliminar todos los escollos.

Dicho esto, solamente cuatro “grandes” Iglesias ortodoxas han dictado condenas contra la francmasonería: en primer lugar la Iglesia de Grecia en 1933 y la Iglesia de Rumania en 1937. Estas dos fechas, trasladadas a la situación política de la Europa de entonces, bastan para probar que estas decisiones fueron de naturaleza política. Vinieron después la Iglesia Ortodoxa de América (Orthodox Church of America, OCA) en 1955, y la Iglesia rusa extra-fronteras (Russian Orthodox Church Outside of Russia, ROCOR) por esos mismos años . Resulta destacable que los motivos teológicos invocados parecen casi copiados de las decisiones papales del siglo XVIII . Es todo y es poco. Varios altos jerarcas ortodoxos han sido francmasones, en particular, el célebre patriarca de Constantinopla Atenágoras, que recibió el grado 33 del rito escocés antiguo y aceptado en los Estados Unidos .

2. El protestantismo, es también un calidoscopio, presenta también por su parte una organización explosionada –con una unidad de fe menos cohesionada, pero no me aventuraré en ese terreno. El mundo protestante ha sido para la masonería un terreno de elección, por el hecho que la fe protestante está fundamentada sobre el "libre examen”. La masonería es pues ostensiblemente presente en los países escandinavos, en los que la Iglesia protestante es una Iglesia de Estado de confesión luterana; en los Países Bajos, de confesión mayoritariamente calvinista; en diversos cantones de Suiza, entre ellos Ginebra, igualmente calvinista; en Escocia, que posee una Iglesia de Estado (Kirk of Scotland) la cual es de confesión presbiteriana, es decir grosso modo calvinista; en Inglaterra, en que la Iglesia de Estado (cuyo jefe es la reina) es de confesión anglicana; en los Estados Unidos finalmente, donde coexisten una multitud de denominaciones protestantes.

Pero, en varios de estos países, la francmasonería que hasta hace poco había ido viento en popa, encuentra borrascas en contra. La Church of England ha tomado una decisión hostil en 1987-1988 como consecuencia de una batalla librada durante algunos años, la Kirk of Scotland ha hecho lo mismo en 1989. Estas decisiones, lejos de ser tan categóricas como las de la Iglesia romana, no parecen haber sido seguidas de efectos notorios; sin embargo, la francmasonería está en pérdida de velocidad en estos dos países. En Inglaterra, por tradición, los cuatro pilares del Establishment siempre han sido el Parlamento, la Corona, la Iglesia y la francmasonería; ahora bien esta última es capaz de reclutar cada vez menos y la edad media de sus miembros es cada vez es más elevada. Y mientras que todos los monarcas y príncipes reales desde la reina Victoria e incluyendo al rey Jorge VI, padre de la reina Isabel II, eran dignatarios masónicos, ni el actual duque de Edimburgo, ni el príncipe de Gales, ni los príncipes sus hijos no son masones. Signo inquietante, de un descrédito de las instituciones establecidas.


3. Con el Catolicismo, la situación es aparentemente muy clara. He enumerado al principio de mi exposición la veintena de condenas papales que ha golpeado la masonería; he citado el código de derecho canónigo y mencionado las interpretaciones diversas a las que ha dado lugar. Es patente –no me pronuncio sobre el fondo, limitándome a constatarlo- que numerosos católicos romanos se substraen en consciencia a estas prescripciones disciplinarias que juzgan infundadas, como por otra parte lo hacen en lo relativo al divorcio y la homosexualidad. Se dice, que bajo la influencia del nuevo Papa, en la Iglesia romana puede haber “movimientos”… Habrá que esperar. Sin dejar de tener en cuenta que los medios tradicionalistas se han movilizado poderosamente respecto a estos tres supuestos.

II) La francmasonería es un fenómeno múltiple. Simple en sus comienzos, se ha ido complicando a medida que se ampliaba.


He descrito anteriormente su naturaleza política original y mostrado que su evolución seguía la evolución política y económica de la sociedad en la que se inscribía. De modo que no volveré sobre ello. Por otra parte, para ser exhaustivo, sería preciso trazar esta evolución para cada uno de los países de Europa y América (del Norte y del Sur) en los que la francmasonería ha echado raíces. Ello es evidentemente imposible en el marco de la presente exposición.

En su lugar, me entregaré a un análisis tipológico que tendrá la ventaja, eso creo, de ser clarificador.


Existen cuatro tipos esenciales de francmasonería:

1. La francmasonería filosófica;

2. La francmasonería simbólica;


3. La francmasonería religiosa (o noaquita);

4. La francmasonería cristiana (o crística).

Todas ellas tiene un objetivo común: la mejora del hombre; pero las metodologías difieren de cabo a rabo. Es por lo que tengo costumbre de afirmar (al contrario de lo que he hecho hasta el presente por comodidad de exposición) que no hay UNA francmasonería sino VARIAS francmasonerías. Pasémosles revista.

1. La francmasonería que denomino “filosófica”, como está escrito en las constituciones del Gran Oriente de Francia, está representada esencialmente por esta Obediencia, a la vez la más antigua de Francia (fundada en 1773) y la más numerosa (alrededor de 50.000 miembros y 1.300 logias), al igual que por la Obediencia mixta dicha Orden Masónica Mixta Internacional del Derecho Humano (fundada en 1901, que reivindica 28.000 miembros en 60 países), y algunas otras menos conocidas que no nombraré ya que no estoy haciendo una recensión exhaustiva. Esta masonería se proclama “adogmática”; yo diría más bien atea en los dos sentidos del término: el sentido etimológico y técnico, “sin dios” (a-theos); pero también en sentido ofensivo ya que la gran mayoría de logias –no digo todas, pero sí muchas, y ello no es una condena, es una simple constatación- profesan un laicismo de combate, un anticlericalismo militante, que desde hace mucho tiempo ha tomado por objetivo el catolicismo, al que se ha añadido desde hace algunos años el islamismo. Para aquellos que comparten estas posiciones extremas, la “libertad de conciencia” proclamada va de la mano con lo que se llama “libre pensamiento” pero se acomoda muy mal con cualquier creencia religiosa.

Como ésta masonería rechaza toda trascendencia, la mejora del hombre que ella contempla pasa necesaria y únicamente por la mejora de las condiciones de vida políticas y sociales de dicho hombre en tanto que ciudadano. De donde un intervencionismo constante, unas veces discreto, otras ostensible (y también de los dos conjuntamente), en la vida pública. Ya he hablado de ello anteriormente.

En tanto que historiador, obligado a la objetividad, diré, que vistas las premisas de salida, este modo de acción me parece absolutamente lícito y legítimo.


Sin embargo, y aquí emitiré un punto de vista personal, me pregunto dónde, en este contexto, actúa la iniciación, que a mi modo de entender, eleva a una suerte de trascendencia. Queda la amistad fraternal, que es cultivada a porfía. Esto ¿es suficiente para un trabajo iniciático? Allá cada uno con la respuesta de acuerdo a sus convicciones.

Otra pregunta: ¿hay incompatibilidad con la religión, con las religiones? Responderé: sí y no. En principio no, si uno se atiene a la regla de la libertad de conciencia, a la que alegaba el padre Vesin antes mencionado. En los hechos, en contrapartida, ésta incompatibilidad es proclamada por la mayoría de miembros del Gran Oriente de Francia , inclusive entre aquellos pertenecientes a Logias rectificadas (es decir a la masonería cristiana o crística de la que hablaré más tarde, masonería que existe perfectamente en esta Obediencia) son tachados de ostracismo y frecuentemente calificados de “meapilas”, lo que prueba que esta libertad encuentra sus límites.


2. El segundo tipo de masonería es aquella calificada de “simbólica” ya que su principal componente, la Gran Logia de Francia (fundada en 1894, con unos 30.000 miembros y 800 logias), fue constituida a partir de un rito fundador, el Rito Escocés Antiguo y Aceptado que hace un abundante uso de los símbolos. Clasificaré en la misma categoría a la Gran Logia Femenina de Francia (fundada en 1959, con 14.000 miembros y 400 logias) a partir del mismo R.E.A.A. –incluso si en la actualidad son practicados otros ritos en su seno.

Para esta masonería, sí que existe una trascendencia, pero innombrada, no formulada. La invocación al Gran Arquitecto del Universo es de obligación, pero cada uno –oí esto de boca de un Gran Maestro de la Gran Logia de Francia, Jean Verdun- le confiere la consistencia que quiere: un Dios personal, un Principio superior impersonal, una Deidad, una “alma del mundo” (como los antiguos estoicos), una ley que rige el mundo, como la ley de la evolución, etc.
En este contexto, la iniciación tiene una acción supraindividual, que conduce a superar el ego hacia realidades superiores.

No obstante, el hombre completo, siendo también un ciudadano, no tiene que descuidar la acción en la sociedad, y los miembros de la Gran Logia de Francia entienden esa acción de igual modo que los del Gran Oriente de Francia y según los mismos métodos. Ejemplo emblemático: el doctor Pierre Simon (1925-2008), en diversas ocasiones Gran Maestro de la Gran Logia de Francia, fue pionero de la legalización de la contracepción (ley Neuwirth de 1967), de la interrupción voluntaria del embarazo (ley Veil de 1975), de la procreación médica asistida, del acompañamiento de los pacientes en el fin de su vida (movimiento pro “derecho a morir con dignidad”), pero también, y ello es a destacar, en tanto que Gran Maestro, artesano de un diálogo con la Iglesia católico romana.

En resumen, ¿dónde está la incompatibilidad innata con la religión, en particular, con la católica? En ninguna parte. Se podrían producir encontronazos con la Iglesia católica (pero no con las Iglesias protestantes), por ejemplo, a propósito de la contracepción o la fecundación in vitro, pero por razones que tienen a ver con consideraciones morales, y no por razones espirituales o de creencia.

3. Denomino al tercer tipo de masonería, masonería “religiosa”, calificativo que tomo prestado a mi llorado amigo Robert Amadou. ¿Por qué? Porque para esta masonería, el Gran Arquitecto del Universo es Dios, el Dios de las religiones reveladas judía y cristiana. Y ¿por qué “noaquita” Aquí una vez más me inspiro en Robert Amadou: porque el patriarca Noé fue el beneficiario, no solamente de la primera revelación divina, sino también de la primera alianza con el Eterno, como se relata en el libro del Génesis (capítulo 9, versículos del 11 al 17).

Acabo de citar la Biblia; ella ha de estar obligatoriamente presente en Logia. Se abre al principio de los trabajos y se cierra al final.


En este caso el acento se pone exclusivamente en el perfeccionamiento espiritual del hombre, y las discusiones de naturaleza política, social y religiosa, están estrictamente prohibidas, a fortiori las tomas de posición públicas. En este sentido, una manifestación como la de la fotografía aparecida en Le Figaro Magazine es del todo inconcebible.

Esta masonería, muy minoritaria en Francia (la Gran Logia Nacional Francesa que es su parangón, reagrupaba antes de su explosión unos 40.000 miembros) es prácticamente la única masonería existente en los países anglosajones. Está claro que no presenta ningún tipo de incompatibilidad con la religión judía (los judíos son por otra parte muy numerosos en ella) ni con las confesiones cristianas, y no solamente con las confesiones protestantes, con las que mantiene estrechos lazos, sino también con la católico romana, puesto que no encuentra ningún escollo que se lo impida y que los motivos religiosos invocados a su encuentro son a la vez obsoletos e inapropiados.

Es por otra parte en favor de ésta masonería, que el padre Riquet ha dirigido los combates que he descrito, y recuerdo haberlo escuchado, en el gran templo de la G.L.N.F. en tenida blanca cerrada , afirmar que si no hubiera sido jesuita, lo que hacía que no fuera “un hombre libre” (condición indispensable para ser recibido masón) al estar comprometido por unos votos, habría pedido su admisión en Francmasonería .



Añado –otro testimonio personal- que este perfeccionamiento personal en que trabajan estos masones creyentes tiene a menudo por efecto el profundizar y el crecimiento de su fe religiosa. He tenido múltiples pruebas de ello, por parte de cristianos, judíos e incluso musulmanes.


4. Finalmente, cuarto tipo de masonería (salido por otra parte del precedente): la masonería cristiana, o en rigor, crística, en el bien entendido que “cristica” no significa, contrariamente a un uso demasiado frecuente pero erróneo, de “sub-cristiana” o cristiano-minimalista, sino “que se relaciona con la persona de Cristo”. Esta masonería se inscribe en la línea del esoterismo cristiano, fenómeno espiritual de alta antigüedad. Este esoterismo cristiano ha tomado forma masónica en Suecia y a continuación en otros países escandinavos en la primera parte del siglo XVIII; y otra forma masónica diferente pero próxima a ésta en Francia, concomitante a la fundación del G.O.D.F. Bajo ésta última forma, esta masonería se denomina Régimen Escocés Rectificado. En Francia, es practicado principalmente por cinco Obediencias: el Gran Priorato de las Galias – Gran Logia Reunida y Rectificada de Francia, que es la más importante, el Gran Oriente de Francia (se trata de esos masones rectificados que ya he mencionado y que no siempre son bien vistos por sus hermanos), la Logia Nacional Francesa (a no confundir con la Gran Logia Nacional Francesa), la Gran Logia Tradicional y Simbólica-Opera y finalmente la Gran Logia Escocesa Reunida y Rectificada de Occitania. Se podrían citar otros microorganismos pero ya he prevenido antes que no sería exhaustivo. Este rito es elitista y no se esconde de ello, para poder ser miembro, hay que practicar la religión cristiana (sea cual sea la confesión) o experimentar un verdadero apego por la persona y las enseñanzas de Cristo.

Está claro que no hay en esta masonería ninguna incompatibilidad con la religión cristiana, hay por el contrario cooperación, reforzamiento recíproco y una obra espiritual y religiosa en común.

III.) Esoterismo y Exoterismo


Acabaré esta exposición factual que pienso haber hecho objetiva, por una serie de consideraciones personales, así pues subjetivas, que expresan lo que yo creo.

Por tal de oponer religión e iniciación, Iglesia y francmasonería, a menudo se ha recurrido a una distinción teorizada por un pensador y escritor de renombre en la materia, René Guénon, para el cual la definición de exoterismo, quedaría del ámbito de la religión y la fe, y esoterismo, quedaría del dominio de la iniciación y el conocimiento. Para aquellos a los que estos términos no les sean familiares, los traduciremos diciendo que se trata de lo externo y lo interno.


Desde hace largo tiempo, me sublevo por mi parte, no contra esta distinción, sino contra su aplicación a estos ámbitos precisos. Aceptaré que mi argumentación solo valga para la masonería que postula una trascendencia… Dicho esto como premisa, si la religión –y no hablo únicamente de la religión cristiana- es la búsqueda del Principio primero que es Dios, es decir el Dios de los filósofos, y con mayor razón del Dios viviente que judíos y cristianos tienen en común, ¿qué hay o puede haber de más interior, de más íntimo? Es este Dios, que como ha dicho Pascal, más íntimo a mí mismo que yo mismo. Es pues, esencial y absolutamente esotérico. Por otra parte, la iniciación, la iniciación masónica en particular, funciona por medio de ritos, que son formas y en consecuencia exotéricas. La frontera entre lo esotérico y lo exotérico no reside pues donde se la sitúa habitualmente. Además, pongo como principio que lo que es esotérico no es superior a lo que es exotérico, es simplemente otro.


¿Cuál es pues la verdadera diferencia? es una diferencia de naturaleza, así pues de función. El corazón de la Iglesia, su función central, es el sacramento, y muy particularmente ese sacramento de sacramentos que es la Eucaristía; el corazón de la francmasonería, su función central, es la iniciación. Por decir las cosas de otra manera, retomando la fórmula luminosa y fuerte de un obispo ortodoxo que conozco: la Iglesia es para hacer santos, la francmasonería es para hacer obras maestras.

Es decir, que las dos no deben, no pueden rivalizar entre ellas, sino que deben ponerse de acuerdo, completarse, cooperar, obrar conjuntamente a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo.



Arcipreste Jean-François Var

Nantes, el 2 de abril del 2014.



Traducción:

Ramón Martí Blanco