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martes, 25 de agosto de 2015

LA TRADICIÓN LUCIFERINA DE LA MASONERIA

Sacerdote dando la comunión en la eucaristía a un Maestro Masón
Excomulgados por la Iglesia Católica, vistos con recelo por algunas personas e ignorados por otras, los masones conforman una de las más antiguas sociedades del mundo moderno. Aun cuando en las últimas décadas han venido llevando a cabo una política de apertura hacia las comunidades en donde viven, un halo de misterio sigue cubriendo una buena parte de sus actividades.









Los masones constituyen una fraternidad que, a través de complejos rituales, transmite a sus miembros ciertas enseñanzas esotéricas de antigua data y, a la vez, permite la discusión de una serie de preocupaciones acerca de la realidad política, económica y social del mundo actual. Podría decirse más: en la masonería suelen convivir – en un clima de amplia tolerancia sustentada sobre reglamentos estrictos – diversas corrientes de pensamiento, en un arco que oscila desde el esoterismo hasta el más implacable racionalismo y, al mismo tiempo, las posiciones políticas más conservadoras o más progresistas, según el caso. 

En las logias o talleres – tal es el nombre con que denominan a sus grupos de base – las únicas condiciones de admisión que se impone a sus aspirantes es que sean personas libres y de buenas costumbres; siendo las principales libertades sustentadas la de pensamiento y expresión. En cuanto al esoterismo, a diferencia de las doctrinas exotéricas, refiere a un tipo de conocimiento que es transmitido de manera oral y simbólica a un cierto grupo de iniciados. Precisamente, la masonería se asume a sí misma como una sociedad iniciática que pregona un sistema de moral ilustrado por símbolos y velado por alegorías. Las principales escuelas de ciencia de la antigüedad eran esotéricas; Como ejemplo, podemos citar la escuela pitagórica, en la cual se impartía enseñanza oral de matemáticas, filosofía y geometría a sus iniciados y su estructura era jerárquica, sobre la base de tres grados.

Entre todas las tradiciones masónicas existe una que los vincula con un origen luciferino. Esta comprobación ha llevado, erróneamente, a suponer que los rituales masónicos están cercanamente emparentados con ciertas creencias y prácticas satánicas. La tradición masónica se reconoce, de alguna manera y en términos estrictamente míticos, heredera de Caín, primer hijo de Adán, quien mata a su hermano Abel. Este pasaje bíblico que recoge el Génesis no debería ser estudiado – al igual que muchos otros – en su sentido literal, sino que debe ser interpretado a la luz de su trasfondo alegórico. Caín era agricultor mientras que Abel era pastor; la muerte de Abel a manos de su hermano mayor es un relato (presente también en otras mitologías) que alude a la supremacía de los pueblos sedentarios sobre los primitivos pueblos nómades. Luego de haber matado a su hermano, Caín es expulsado del Edén.

En su destierro funda la primera ciudad humana, Enóc, y desde aquel momento se dedica al desarrollo de las artes y las industrias. Este hecho también se registra en la Biblia, al igual que en el Corán y la Torah. 




Pero existe una segunda tradición esotérica –que ha echado raíces en la filosofía masónica – y que alude a que, en realidad, Caín no era hijo de Adán sino de Lucifer, quien en las lecturas religiosas de raigambre mosaica es considerado como un ángel malogrado. Luego de Caín, uno de sus nietos, Tubalcaín – nombre que guarda una honda significación en el grado de Maestro, el más alto de la masonería simbólica – será quien desarrolle la metalurgia y la orfebrería, siendo considerado el precursor de las industrias y oficios. En cuanto a la figura de Lucifer – etimológicamente, “el que trae la luz” – estuvo asociada en la antigüedad a la idea de quien es portador de la razón y el intelecto y enemigo implacable de la ignorancia. Precisamente, el mito griego de Prometeo relata un periplo similar al que fue seguido por el Ángel de la Luz. Prometeo desobedeció a Zeus y robo el fuego del Olimpo para regalárselo a los hombres, para que éstos no murieran del frío. Su desobediencia fue ferozmente castigada por Zeus, quien lo mandó encadenar a los montes Cáucasos, donde un buitre, cada noche, le devoraba el hígado que, dada su condición de inmortalidad, volvía a regenerase durante el día siguiente. El castigo de Prometeo llega a su fin cuando Hércules lo libera. Como puede verse, si bien el término “lucifer” ha sido extensamente utilizado como sinónimo de Satanás o Diablo, no son equiparables. Satanás significa “desafiante” o “tentador”, mientras que Diablo proviene del término griego dyábolon (el que desune), usado como antónimo del término símbolo (del griego symbolón, lo que sirve para unir) De este modo, los miembros de masonería se reconocen a sí mismos como “hijos de la luz” y sólo en esta apreciación simbólica debe establecerse su relación con Lucifer. No debe olvidarse que el origen de la masonería moderna – en 1717, cuando fue fundada la Gran Logia Unida de Londres – ocurre en pleno auge y difusión de las ideas iluministas








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